I Olores perdidos El olfato es quizás el menos estimado de los sentidos. El auditivo, funciona a tiempo completo y rara vez nos abandona. El tacto, nos moviliza y conmueve. Por el gusto, se pueden gastar fortunas. Y la visión, qué duda cabe, es la indiscutible reina del mundo moderno. En este conjunto, los olores son de una entidad más bien dispersa. Cuando uno escucha a los sommeliers describir las cualidades de un vino, no puede sino maravillarse ante la imaginación de esa gente. Pero por lo general, en materia aromática, fragancias y perfumes tienen espacio limitado y el tópico suele agotarse en disquisiciones más bien banales acerca de vaharandas nauseabundas y tufos hediondos. Los olores, parecería, son casi prescindibles en nuestras vidas. Sin embargo, hay olores que se registran en algún lugar del cerebro y permanecen como referencias nítidas ligadas a tiempos y lugares de nuestra experiencia. Por ejemplo, si me dejaran en este momento con una venda en los ojos en medi...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarBuenas noches! Necesito contactar a la señora Amalia Sato. Hay algún modo por estemedio?
ResponderEliminaramaliasato@gmail.com
EliminarGracias
Buenas tardes desde México. Un favor, no logro identificar cual es la página oficial de la revista Tokonoma. He localizado un blog pero no estoy segura. También quisiera saber desde qué número la revista se publica en formato electrónico y si es de acceso gratuito. Mil gracias de antemano!
ResponderEliminarSolo el último número fue digital. Espero subir algún día la colección completa a la red. Gracias
Eliminar