CAJON DE SASTRE
Por Amalia Sato
Hoy descubrimos que los archivos de la computadora, no organizados en carpetas, son un oportuno y sorprendente Cajón de sastre. Algo preparado hace algunos años para una revista pocket impecable – cuyo nombre mantenemos en reserva deseando su pronta reaparición – calza como anillo al dedo para este número de evaristo. Un texto que calificaremos de añejo y deseable, cuanto más tratándose del trabajo de una delicada poeta brasileña que traduce a dos clásicos chinos. Con ustedes, Cecília Meireles, Li Po y Tu Fu.
Dos textos de la poeta brasileña Cecília Meireles dedicados al gran poeta chino Li Po (701-762)
Además de dedicarse a su obra poética, Cecília Meireles (1901-1964), interesada por Oriente, tradujo piezas de Tagore y poemas chinos, japoneses, árabes y persas, actividad que se divulgó en diarios de la época, o en emisiones radiofónicas. Accedió a Li Po y Tu Fu, a través de la intimidad con las versiones al francés y al inglés. El carácter ideogramático de la lengua original, su monosilabismo, la sintaxis simple y sujeta a ambigüedades, todos los escollos en fin, limados por el pasaje a través de sucesivas lenguas, difuminados en el ejercicio de la poeta que traduce, olvidados en la transformación que convierte a los textos de una lengua inalcanzable en patrimonio de otra, bajo el amparo de otro nombre propio.
La luna de Li Po
Por Cecília Meireles
Hace mil doscientos años moría en China el poeta Li Po.
Su nombre y el de Tu Fu resumen la gloria de la poesía china en el siglo VIII; y el propio Tu Fu, a quien algunos consideran el mejor, lo consideraba a él, el mayor entre todos.
Dicen que Li Po murió ahogado, intentando abrazar la luna. Si la versión no es históricamente verdadera, tiene, al menos, el valor de concluir con un cierre poético una existencia que, de lejos, parece fluctuar como un velo entre las aguas y la luz de la luna, más atenta a la belleza general del universo que a las ventajas particulares del mundo.
Todos conocen el poema en que Li Po crea, en la soledad, un grupo de tres amigos: él, su sombra y la luna. Al contrario de lo que sucede con los amigos humanos, que se separan después de beber, con su sombra y la luna el poeta se siente en comunión inseparable: “nuestros encuentros”, decía, “son en la Vía Láctea”.
En casi todos sus poemas, la luna aparece, clara y próxima, como si realmente fueran dos compañeros que van de la mano, entre jardines y lagos, palacios, montañas y ríos. “La luz de la luna es como nieve a lo largo del muro de la ciudad…” “El arco del puente parece la luna creciente…”
En las aguas del lago, la luna es acunada con la canción de las flores y el poeta entristece, juzgando inoportunos los remos de su barco:
El lago Nah-hu acuna a la luna de otoño
Que se refleja en el agua verde.
El ruido de mis remos interrumpió
El himno de amor
Que los nenúfares cantaban a la luna.
La luna se le aparece en el jardín cubierto de flores de duraznero; la luna se le aparece en las ruinas de los palacios:
Hoy, la luna de Si-kiang es la única bailarina que danza
En las salas por donde se deslizaron tantas mujeres hermosas.
Li Po, que vivió algún tiempo en la Corte, donde su talento era reconocido, fue alejado por intrigas, y hubo, ciertamente, melancolía en su vida. Pero el vino y la luna disipaban sus amarguras:
Ya que la vida es ilusoria como un sueño,
¿por qué nos atormentamos?
Prefiero beber hasta caer.
Fue lo que hice ayer.
Al despertar, miré a mi alrededor.
Un pájaro gorjeaba entre las flores.
Le rogué que me informara
Sobre la estación del año
Y me respondió
Que estábamos en la época en que la primavera
Hace cantar a los pájaros.
Como yo me había ya enternecido,
Empecé a beber de nuevo,
Canté hasta que la luna llegó
Y de nuevo volví a perder la noción de las cosas.
Li Po no podía imaginar que mil doscientos años después de su muerte la luna se volvería objeto de los estudios a que la vemos hoy sometida. Él no creía poder alcanzarla, a pesar de la versión poética sobre su muerte, pues escribió:
“Con la taza en la mano, interrogo a la luna”
La luna está en el cielo sombrío. ¿Cuándo llegó?
Poso mi taza, para hacerle esa pregunta.
Los que quieren tomar la luna no pueden lograrlo.
Sin embargo, en su curso, la luna acompaña a los hombres.
Es deslumbrante como un espejo volador, delante del Pabellón Rojo.
Las brumas azules se extinguen y desaparecen
Y su puro esplendor centellea.
La vemos solamente de noche subir del mar y perderse en las nubes.
Los hombres de hoy no ven más a la luna de otrora.
La luna de hoy iluminaba a los hombres del pasado.
Hombres del pasado, hombres de hoy – torrente que fluye –
Todos contemplan a la luna, que a todos parece la misma.
Todo lo que deseo es, en el momento de cantar y beber,
Que un rayo de luna se refleje siempre en el fondo de la taza de oro.
Homenaje a Li Po
Por Cecília Meireles
Los dos nombres de la poesía china, en el siglo VIII de nuestra era, son los de Li Po y Tu Fu.
Li Po es, por cierto, el que resulta más cercano a la sensibilidad occidental. Sus delicados poemas está hechos con casi nada: son como miniaturas de excelente diseño y escogidos colores con rayos de luna, ríos, flores, palacios, imágenes que asoman con un poco de tristeza, de saudade, de amor y de alegría. Nos recuerdan una China imperial de sutilezas estéticas, y mejorada, sin embargo, por recuerdos de batallas, con guerreros ardientes y caballos bravíos.
Li Po nació en el año 701 y murió en 762. Su padre, el general Li Kuang, había vencido a los hunos.
Por intrigas de un eunuco – según se dice -, Li Po fue alejado de la Corte. Cuentan que murió ahogado en un río, intentando atrapar la imagen de la luna reflejada en las aguas.
Esta versión de su muerte puede ser puramente legendaria, dados el encanto con que él siempre se ocupó de la luna, en sus versos, y la circunstancia de celebrar también constantemente al vino como si en verdad lo sedujera el estado de embriaguez como una fluctuación entre la vida y el sueño.
Del aprecio en que era tenida, sin embargo, su poesía, nos hablan dos poemas de su colega Tu Fu. Uno habla de las cualidades poéticas de Li Po y de su superioridad en relación con los artistas que le eran contemporáneos. El otro recuerda con saudade al amigo y le predice la gloria futura con certera intuición. Dice el primero:
“Poema de Tu Fu a Li Po”
Tú escribes como el pájaro canta. ¿Tu gorjeo? Versos
Si no cantaras, las mañanas serían menos rojizas y los crepúsculos menos azules.
Cuando la embriaguez te inspira, los Inmortales se inclinan
Desde las nubes para escucharte, el tiempo suspende su vuelo, el bienamado olvida a la bienamada.
Tú eres el Sol y nosotros, los otros poetas, somos apenas estrellas.
¡Acepta, oh mi amigo, el balbuceo de mi respeto!
Dice el segundo:
“Poema de Tu Fu a Li Po”
Tres noches seguidas vengo soñando contigo.
Estabas en mi puerta.
Te pasabas la mano por el cabello blanco,
Como si un gran dolor te amargara el alma…
Después de diez mil, cien mil otoños,
No tendrás otro premio que el premio inútil
De la inmortalidad.
11.08.2009
10.31.2009
En el lago, de Yasunari Kawbata.
Lago
Por Francisco Calvo Serraller
Traducida ahora al castellano por Amalia Sato con el título En el lago (Emecé), aunque su primera edición en japonés data de 1954, esta novela de Yasunari Kawabata (1899-1972) narra la historia de Gimpei Momoi, un profesor de lengua de segunda enseñanza, que ve truncada su carrera profesional por no reprimir su pasión por las hermosas adolescentes y caer prendado ante los encantos de una de sus alumnas, Hisako, lo que, al ser descubierto, le acarreó su deshonrosa expulsión del centro escolar donde trabajaba. En la también recién editada en nuestra lengua, con traducción de Francesc Miravitlles, aunque publicada por primera vez en 1958, Verano en el lago (Minúscula), del italiano Alberto Vigevani (1918-1999), se nos cuenta también las cuitas de un ardiente impulso erótico, si bien, en este caso, con la situación invertida, porque su protagonista, Giacomo, es un adolescente de 14 años que no puede evitar quedarse prendado por mujeres adultas, que rechazan por igual su patético acoso sin apenas consecuencias. Así, de entrada, como se ve, ambas narraciones podrían ser tomadas como sendos ejemplos de las perturbaciones que puede provocar en el ser humano el apremio sexual, sobre todo, cuando irrumpe arteramente en la pubertad, estado este que, a veces, como le ocurrió al desdichado profesor Momoi, se prolonga indefinidamente.
ver contenido en ELPAÍS.com
Por Francisco Calvo Serraller
Traducida ahora al castellano por Amalia Sato con el título En el lago (Emecé), aunque su primera edición en japonés data de 1954, esta novela de Yasunari Kawabata (1899-1972) narra la historia de Gimpei Momoi, un profesor de lengua de segunda enseñanza, que ve truncada su carrera profesional por no reprimir su pasión por las hermosas adolescentes y caer prendado ante los encantos de una de sus alumnas, Hisako, lo que, al ser descubierto, le acarreó su deshonrosa expulsión del centro escolar donde trabajaba. En la también recién editada en nuestra lengua, con traducción de Francesc Miravitlles, aunque publicada por primera vez en 1958, Verano en el lago (Minúscula), del italiano Alberto Vigevani (1918-1999), se nos cuenta también las cuitas de un ardiente impulso erótico, si bien, en este caso, con la situación invertida, porque su protagonista, Giacomo, es un adolescente de 14 años que no puede evitar quedarse prendado por mujeres adultas, que rechazan por igual su patético acoso sin apenas consecuencias. Así, de entrada, como se ve, ambas narraciones podrían ser tomadas como sendos ejemplos de las perturbaciones que puede provocar en el ser humano el apremio sexual, sobre todo, cuando irrumpe arteramente en la pubertad, estado este que, a veces, como le ocurrió al desdichado profesor Momoi, se prolonga indefinidamente.
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La pestana del mundo. diario Clarin, 1.07.2001
Clarín.com » Edición Domingo 01.07.2001 » Revista Ñ » La pestaña del mundo
AMALIA SATO*
La pestaña del mundo
P: ¿Qué ocurrió en el Japón del siglo X que hizo posible este libro delicioso escrito por una mujer?
R: En el momento de esplendor cultural de la Corte, en la década de 990, el clan Fujiwara, por medio de maniobras políticas, fue estableciendo alianzas mediante casamientos. Las mujeres jugaron así un papel muy importante en el poder, formándose círculos de servidoras de alto nivel intelectual que se podían dedicar a la literatura como un pasatiempo. El desarrollo de la escritura fonética vernácula, el hiragana, iniciado unos siglos antes a partir de la estilización de los ideogramas chinos, se vio también favorecido por el intercambio epistolar entre damas y caballeros.
P: ¿Qué se sabe de Sei ShÉnagon y cómo la imagina a partir de su libro?
R: Se sabe muy poco, y hasta el nombre con que se la conoce no es sino un apodo para designar su cargo en la Corte: ayudante de menor rango. Ante todo, es una observadora sin par, una ingeniosa consciente del poder y las miserias de la frivolidad, que nos conmueve por su incesante capacidad de opinión.
P: ¿Qué dificultades tuvo al traducir de una lengua y una época tan distantes?
R: Toda traducción es inevitablemente una lectura de época, y ésta será uno de los posibles reflejos de la obra de Sei. Esto, para contrabalancear la responsabilidad y sobre todo el honor del trabajo con un clásico de la literatura universal. Sin embargo, el carácter desestructurado y abierto de su estilo —que refleja muy bien ese consejo que se daba a las damas de la Corte: caminar con elegancia, pero reservándose cada tanto un movimiento de arrastre de las sedas— le daba a la lectura y su traslado una frescura que se disfrutaba. Y una se sumergía en un presente sin distancias.
P: ¿A qué atribuye la extraña actualidad de este libro tan antiguo?
R: Sin duda, el filme de Peter Greenaway, que citaba fragmentos en medio de un argumento muy libre, contribuyó a despertar una nueva curiosidad. Y, por supuesto, su propio título, que despliega una seducción que atrae. La seguridad con que la autora aborda temas tan actuales como la tiranía de la moda y el lucimiento social nos deja atónitos.
P: Como nieta de japoneses en la Argentina, ¿qué piensa de la mirada de Occidente sobre Japón?
R: Occidente y Oriente, los nombres que toma una continuidad para representarse. Me parece que la mirada sobre Japón, aun ahora se revela exotizante. Es muy poco lo que se sabe y mucho lo que todavía se sostiene como una ilusión. ¿De qué? De algo de lo que se carece y que se imagina en las islas que los navegantes portugueses llamaban la Misteriosa Pestaña del Mundo.
AMALIA SATO*
La pestaña del mundo
P: ¿Qué ocurrió en el Japón del siglo X que hizo posible este libro delicioso escrito por una mujer?
R: En el momento de esplendor cultural de la Corte, en la década de 990, el clan Fujiwara, por medio de maniobras políticas, fue estableciendo alianzas mediante casamientos. Las mujeres jugaron así un papel muy importante en el poder, formándose círculos de servidoras de alto nivel intelectual que se podían dedicar a la literatura como un pasatiempo. El desarrollo de la escritura fonética vernácula, el hiragana, iniciado unos siglos antes a partir de la estilización de los ideogramas chinos, se vio también favorecido por el intercambio epistolar entre damas y caballeros.
P: ¿Qué se sabe de Sei ShÉnagon y cómo la imagina a partir de su libro?
R: Se sabe muy poco, y hasta el nombre con que se la conoce no es sino un apodo para designar su cargo en la Corte: ayudante de menor rango. Ante todo, es una observadora sin par, una ingeniosa consciente del poder y las miserias de la frivolidad, que nos conmueve por su incesante capacidad de opinión.
P: ¿Qué dificultades tuvo al traducir de una lengua y una época tan distantes?
R: Toda traducción es inevitablemente una lectura de época, y ésta será uno de los posibles reflejos de la obra de Sei. Esto, para contrabalancear la responsabilidad y sobre todo el honor del trabajo con un clásico de la literatura universal. Sin embargo, el carácter desestructurado y abierto de su estilo —que refleja muy bien ese consejo que se daba a las damas de la Corte: caminar con elegancia, pero reservándose cada tanto un movimiento de arrastre de las sedas— le daba a la lectura y su traslado una frescura que se disfrutaba. Y una se sumergía en un presente sin distancias.
P: ¿A qué atribuye la extraña actualidad de este libro tan antiguo?
R: Sin duda, el filme de Peter Greenaway, que citaba fragmentos en medio de un argumento muy libre, contribuyó a despertar una nueva curiosidad. Y, por supuesto, su propio título, que despliega una seducción que atrae. La seguridad con que la autora aborda temas tan actuales como la tiranía de la moda y el lucimiento social nos deja atónitos.
P: Como nieta de japoneses en la Argentina, ¿qué piensa de la mirada de Occidente sobre Japón?
R: Occidente y Oriente, los nombres que toma una continuidad para representarse. Me parece que la mirada sobre Japón, aun ahora se revela exotizante. Es muy poco lo que se sabe y mucho lo que todavía se sostiene como una ilusión. ¿De qué? De algo de lo que se carece y que se imagina en las islas que los navegantes portugueses llamaban la Misteriosa Pestaña del Mundo.
10.27.2009
texto publicado en la seccion Yo recomiendo. diario Clarin
YO RECOMIENDO
Por Amalia Sato
Recomiendo hacer la visita guiada al Palacio Anchorena, sede de la Cancillería: el ala que perteneció a Mercedes, verde celadón, el ala del hijo… pero sobre todo por esa sorpresa que es la colección de arte precolombino, adquirida por el Canciller Guido di Tella. El inesperado contraste de las piezas, sepias, ocres y tiza, con el ambiente de arquitectura francesa es refrescante.
También recomiendo la revista literaria “ricardito”, obra de Diego Posadas y Juan Pablo Fernández, maestros de la numeración, la heteronimia y el diseño. Ideal para el bolsillo de la guayabera veraniega. Despliegue exquisito de poemas y textos que prolongan su efecto en una mirada que se pierda por la ventanilla de cualquier medio de transporte. Acaba de salir el número 5.
Por último, para una toma digna del mejor film noir, les recomiendo sacarse una foto con el dragón semidestruido y descolorido que está en la calle San José casi Avda de Mayo. Dicen que había allí un cabaret llamado El dragón rojo. Ahora abandonado, ese rincón de la ciudad parece un set a la espera de su elenco.
Por Amalia Sato
Recomiendo hacer la visita guiada al Palacio Anchorena, sede de la Cancillería: el ala que perteneció a Mercedes, verde celadón, el ala del hijo… pero sobre todo por esa sorpresa que es la colección de arte precolombino, adquirida por el Canciller Guido di Tella. El inesperado contraste de las piezas, sepias, ocres y tiza, con el ambiente de arquitectura francesa es refrescante.
También recomiendo la revista literaria “ricardito”, obra de Diego Posadas y Juan Pablo Fernández, maestros de la numeración, la heteronimia y el diseño. Ideal para el bolsillo de la guayabera veraniega. Despliegue exquisito de poemas y textos que prolongan su efecto en una mirada que se pierda por la ventanilla de cualquier medio de transporte. Acaba de salir el número 5.
Por último, para una toma digna del mejor film noir, les recomiendo sacarse una foto con el dragón semidestruido y descolorido que está en la calle San José casi Avda de Mayo. Dicen que había allí un cabaret llamado El dragón rojo. Ahora abandonado, ese rincón de la ciudad parece un set a la espera de su elenco.
Texto catalogo. Fabio Morais y Cristian Segura. FUNCEB.
Terrritorios migratorios.
Fabio Morais (Brasil) y Cristian Segura (Argentina)
Por Amalia Sato
Entre la recolección y la colección, es un juego de palabras posible para deslizar el trabajo de Fabio Morais y Cristian Segura.
Ciertas claves de la obsesión de Morais se pueden rastrear en una carta que circula por Internet, escrita durante el año Brasil (el 2005), celebrado en París. En ella, “Diario de un artista en residencia”, Fabio cuenta de su sorpresa por la cantidad de libros que ve en la capital francesa, por una oferta de uno de Hélio Oiticica a 1 euro, del papel tirado por el piso, de los turistas sacando toneladas de fotos, de la proliferación de las tarjetas postales, de los árboles escritos a lo largo del Sena. Parte de las investigaciones que desarrolló en ese lugar lejano se transformaron en su exposición “Museo de Letras”: trazos de caligrafías, papeles amarillentos, libros viejos. Sobre éstos dice: “De a poco voy comprando en sebos libros que algunas vez fueron regalados a alguien, libros dedicados, que van conformando mi “Biblioteca de Ediciones Tomadas Únicas”. […] Esta Biblioteca no necesita un edificio o un lugar para que sus ejemplares estén reunidos físicamente, tarea imposible que me obsesiona. Cada ejemplar debe orillar la vida de las personas involucradas y, abandonado, como los otros que compro, permanecer sin dueño, como un territorio de la probable imposibilidad, de que la mano que trazó la dedicatoria se encuentre con la mano que recibió el libro”.
En esta exposición: la primera de Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke, en traducción al portugués de Paulo Rónai, armada con collage de caligrafías de diversas autorías y trazadas con distintos elementos de escritura (Carta), procedimiento repetido con una columna de una misma palabra que termina formando una frase (Te colecciono). Páginas arrancadas de unos cuarenta libros, alguna vez obsequiados, encuadernadas, en compañía de ejemplares de la Biblioteca de la Funceb, con sus dedicatorias a Carlos Drummond de Andrade, padre de una de las directoras de la casa, Maria Julieta (Dedicado). Una docena de títulos de la literatura brasileña, esculpidos con formato de alas – recurso ya empleado con anterioridad para acentuar el carácter leve y etéreo de los recuerdos en fotografías de niños de vacaciones en la playa –, y expuestos como una bandada de origamis gigantes en migración (Migración).
Si para Mallarmé todo acababa en la perfección de un libro, tal vez para las instituciones la necesaria autorización coagule en catálogos o libros de arte. Cristian Segura reflexiona sobre las industrias culturales, desde su rol de artista, gestor y curador. En otras oportunidades había expuesto certificados sin nombre, hitos de ruta culturales, pizarras; ahora, en una Argentina post 2001, donde para tantos el cartón se transformó en un modo de supervivencia, el artista lo trabaja desde su prestigiosa circulación cultural.
Así, Cristian inventa un “museo de papel” con catálogos vaciados quirúrgicamente con un cutter, y apilados en una estructura de frágil equilibrio, en alusión a los nuevos museos packaging que se constituyen en una exhibición de sí mismos (Museo de papel), posible contrapunto con realidades locales. O fabrica con cartón una valija, attaché de ejecutivo, maleta de gato félix fértil en recursos, homenaje a los objetos de Víctor Grippo, en la que se lee una maqueta del museo de Tandil, “valijita de ex director”, volteada, con un acabado de apariencia metálica que alude a una fortaleza blindada, que la precariedad del material y la “manija” sin quien la sostenga ironizan (Valijita de ex director). También siluetas de edificios museísticos talladas dentro de una pila de libros “en ablación”, cuyo contenido se constituye en otra pila de papeles, trabajan la dependencia de las instituciones – en este caso dos museos de provincia reconocidos por su renovación - con una producción textual y crítica, en un mutuo sostén de prestigios, firmas y recursos (Museo Juan B. Castagnino de Rosario, Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca): transformación de cuatro libros de arte publicados por el primero, y de catálogos producidos por el segundo. O, por el mismo procedimiento, se convoca a la memoria del horror, con las páginas del libro Gedenkbuch, 1823 páginas en dos volúmenes, con los datos de 128.000 alemanes judíos víctimas del Holocausto (Museo Judío de Berlín). O, apelando al sacabocados, Segura carcome los bordes de un libro editado por Fundación Antorchas, el cual testimonia la restauración de obras maestras del Museo Castagnino de Rosario, y junta esos restos de máquina trituradora de documentación, o confetti de carnaval, para cernir una sospecha juguetona sobre los peligros que acechan al “patrimonio protegido”: ya no las polillas o las ratas, sino los legales instrumentos oficinescos para destruir documentos indeseables (Un patrimonio protegido). Denuncia que acentúa con un guante de restaurador, reflejado en un espejo, formando un par ilusorio (Guante). Por último, un libro abierto sobre Lasar Segall, en edición de la desaparecida Fundación Velox, calado con las curvas de nivel que corresponden al territorio de Brasil, calcadas a su vez en la hoja opuesta, es materialización del complejo espesor que van adquiriendo las sucesivas mediaciones en la obra de un artista (Topografías comparadas).
En la era de lo digital, cuando la inmortalidad de los nuevos soportes como archivos de la memoria es sospechada y desconocida, dos jóvenes artistas articulan con el papel, invención milenaria, materia codiciada por piromaníacos y censores, superficie táctil y portable, plegadiza, fina, reciclable, sensual, olorosa, estacionable, vehículo, tesoro, en fin…las posibles conexiones de territorios, donde procesan la celebración de lo migratorio, pasaje de todas las fronteras.
Fabio Morais (Brasil) y Cristian Segura (Argentina)
Por Amalia Sato
Entre la recolección y la colección, es un juego de palabras posible para deslizar el trabajo de Fabio Morais y Cristian Segura.
Ciertas claves de la obsesión de Morais se pueden rastrear en una carta que circula por Internet, escrita durante el año Brasil (el 2005), celebrado en París. En ella, “Diario de un artista en residencia”, Fabio cuenta de su sorpresa por la cantidad de libros que ve en la capital francesa, por una oferta de uno de Hélio Oiticica a 1 euro, del papel tirado por el piso, de los turistas sacando toneladas de fotos, de la proliferación de las tarjetas postales, de los árboles escritos a lo largo del Sena. Parte de las investigaciones que desarrolló en ese lugar lejano se transformaron en su exposición “Museo de Letras”: trazos de caligrafías, papeles amarillentos, libros viejos. Sobre éstos dice: “De a poco voy comprando en sebos libros que algunas vez fueron regalados a alguien, libros dedicados, que van conformando mi “Biblioteca de Ediciones Tomadas Únicas”. […] Esta Biblioteca no necesita un edificio o un lugar para que sus ejemplares estén reunidos físicamente, tarea imposible que me obsesiona. Cada ejemplar debe orillar la vida de las personas involucradas y, abandonado, como los otros que compro, permanecer sin dueño, como un territorio de la probable imposibilidad, de que la mano que trazó la dedicatoria se encuentre con la mano que recibió el libro”.
En esta exposición: la primera de Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke, en traducción al portugués de Paulo Rónai, armada con collage de caligrafías de diversas autorías y trazadas con distintos elementos de escritura (Carta), procedimiento repetido con una columna de una misma palabra que termina formando una frase (Te colecciono). Páginas arrancadas de unos cuarenta libros, alguna vez obsequiados, encuadernadas, en compañía de ejemplares de la Biblioteca de la Funceb, con sus dedicatorias a Carlos Drummond de Andrade, padre de una de las directoras de la casa, Maria Julieta (Dedicado). Una docena de títulos de la literatura brasileña, esculpidos con formato de alas – recurso ya empleado con anterioridad para acentuar el carácter leve y etéreo de los recuerdos en fotografías de niños de vacaciones en la playa –, y expuestos como una bandada de origamis gigantes en migración (Migración).
Si para Mallarmé todo acababa en la perfección de un libro, tal vez para las instituciones la necesaria autorización coagule en catálogos o libros de arte. Cristian Segura reflexiona sobre las industrias culturales, desde su rol de artista, gestor y curador. En otras oportunidades había expuesto certificados sin nombre, hitos de ruta culturales, pizarras; ahora, en una Argentina post 2001, donde para tantos el cartón se transformó en un modo de supervivencia, el artista lo trabaja desde su prestigiosa circulación cultural.
Así, Cristian inventa un “museo de papel” con catálogos vaciados quirúrgicamente con un cutter, y apilados en una estructura de frágil equilibrio, en alusión a los nuevos museos packaging que se constituyen en una exhibición de sí mismos (Museo de papel), posible contrapunto con realidades locales. O fabrica con cartón una valija, attaché de ejecutivo, maleta de gato félix fértil en recursos, homenaje a los objetos de Víctor Grippo, en la que se lee una maqueta del museo de Tandil, “valijita de ex director”, volteada, con un acabado de apariencia metálica que alude a una fortaleza blindada, que la precariedad del material y la “manija” sin quien la sostenga ironizan (Valijita de ex director). También siluetas de edificios museísticos talladas dentro de una pila de libros “en ablación”, cuyo contenido se constituye en otra pila de papeles, trabajan la dependencia de las instituciones – en este caso dos museos de provincia reconocidos por su renovación - con una producción textual y crítica, en un mutuo sostén de prestigios, firmas y recursos (Museo Juan B. Castagnino de Rosario, Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca): transformación de cuatro libros de arte publicados por el primero, y de catálogos producidos por el segundo. O, por el mismo procedimiento, se convoca a la memoria del horror, con las páginas del libro Gedenkbuch, 1823 páginas en dos volúmenes, con los datos de 128.000 alemanes judíos víctimas del Holocausto (Museo Judío de Berlín). O, apelando al sacabocados, Segura carcome los bordes de un libro editado por Fundación Antorchas, el cual testimonia la restauración de obras maestras del Museo Castagnino de Rosario, y junta esos restos de máquina trituradora de documentación, o confetti de carnaval, para cernir una sospecha juguetona sobre los peligros que acechan al “patrimonio protegido”: ya no las polillas o las ratas, sino los legales instrumentos oficinescos para destruir documentos indeseables (Un patrimonio protegido). Denuncia que acentúa con un guante de restaurador, reflejado en un espejo, formando un par ilusorio (Guante). Por último, un libro abierto sobre Lasar Segall, en edición de la desaparecida Fundación Velox, calado con las curvas de nivel que corresponden al territorio de Brasil, calcadas a su vez en la hoja opuesta, es materialización del complejo espesor que van adquiriendo las sucesivas mediaciones en la obra de un artista (Topografías comparadas).
En la era de lo digital, cuando la inmortalidad de los nuevos soportes como archivos de la memoria es sospechada y desconocida, dos jóvenes artistas articulan con el papel, invención milenaria, materia codiciada por piromaníacos y censores, superficie táctil y portable, plegadiza, fina, reciclable, sensual, olorosa, estacionable, vehículo, tesoro, en fin…las posibles conexiones de territorios, donde procesan la celebración de lo migratorio, pasaje de todas las fronteras.
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