7.24.2009

Arles, nota publicada en revista Venus/Proyecto Venus, Buenos Aires, Argentina

ARLES
Por Amalia Sato

México DF, 18 de febrero de 2000.
Querida:
Mi casa quedó vacía, como separador de Ozu. La vida sigue su curso en su viaje a la nada. Estoy feliz de haberte tenido tan cerca durante tantos días en el mundo de la impermanencia. Te cuento: ayer estuvo O. Y entre cosas me habló de algo sorprendente. En el depósito del Museo Nacional de Tokio hay un montón de colecciones sin clasificar, arrumbadas, regalos a la Casa Imperial de parte de funcionarios que cumplieron servicios en el exterior en los primeros años de Meiji. Entre estas colecciones hay una de objetos representativos de Brasil donada por ¡MORI OGAI !, el mismo que viste y calza. No se sabe por qué Ogai tenía esa colección, pues hasta donde hay noticias nunca ofició de diplomático en ese país. ¿Habrá sido algún viaje? En todo caso, la trama se cierra. Tus dos grandes temas unidos por una colección de más de cien años. También me comentaba O. que Ogai, después de retirarse como médico, terminó como director del Museo, entonces Imperial, y que como funcionario debía ir diariamente a su trabajo ¡con uniforme militar!. Yo cada vez entiendo menos al mundo. Le conté a O. de nuestro seminario y quedó encantado. O. es alguien como nosotros, especializado en mil cosas y en ninguna, que escribe desde su no especialización, como corresponde en estos tiempos.
El ukiyoe erótico de A. ya está enmarcado. Me habló C. para comentarme que ya lo tiene, pero yo todavía no lo he visto. Espero que el regreso a Bs.As haya sido, y sea, armónico. Hoy recibí mail de R., lleno de novedades, entre ellas un viaje a ¡Bahía Blanca! Sigo sin entender el rumbo de las cosas. Te mando un gran abrazo y espero tus novedades, siempre recibidas con toda la atención.
Guillermo Quartucci

Según el sociólogo brasileño Renato Ortiz (en O próximo e o Distante), la consecuencia más trascendente de la globalización es la transformación de la noción de espacio: ya no nos orientamos por puntos cardinales obsoletos, ya no hay Oriente y Occidente en el contexto de la modernidad-mundo. Hay desterritorialización, reterritorialización, y una contundente internacionalización de lo popular. Ortiz dixit.

Los primeros occidentales que tomaron contacto con Japón fueron los españoles y los portugueses. Kastera (de castilla, un bizcochuelo muy liviano, cuyo secreto radica en batir mucho la preparación ) y tempura (de tempora, las frituras del tiempo de la Cuaresma, cuyo secreto es echar la pasta casi helada en el aceite caliente) son palabras que revelan esos contactos. También algunos arriesgan una etimología especulativa para arigato (que vendría de un deformado obrigado del portugués). Tras la expulsión, hubo cultos marianos secretos sobre todo por el sur de Japón.
La sífilis fue, para los japoneses, el mal de los portugueses (nambakassan).

Y de Asia en Brasil: la sombrilla, el palanquín, el abanico, el bastón, las colchas de seda, las tejas a la moda china o japonesa, las porcelanas, las especias, los cocoteros, el mango, la yaca, la canela, el cuzcuz, los fuegos artificiales (el Reveillon de Rio con el culto a Iemanjá), la moda de las joyas y los aderezos tomados de la India – la maravillosa Goa, capital de la cultura portuguesa del siglo XVI, donde estuvo Camões- , joyas que recargan todavía la presencia de las “peruas”, las criticadas mujeres adornadas como “arbolitos de Navidad”que brillan en las páginas de las sociales, y que a mí me encantan.

Diáspora de los cristianos nuevos, los judíos conversos, que contactan los grandes imperios de Asia: al jeque Ismael de Persia, al Gran Mogol, a los potentados indios y a Insulindia, al gran imperio de China y a la “Misteriosa Pestaña del Mundo”: el Japón. El lema que alentaba a adentrarse en los mares era Podes fisgar o Leviatão?. Los herejes llegan a los Paraísos: y el más perfecto es Brasil, con sus árboles de pan, con los arco iris y las cascadas de Minas Gerais, que enmarcaban la brutalidad del trabajo en la extracción de diamantes y oro, con una naturaleza tal como la que describen las Sagradas Escrituras. También aquí serán perseguidos y llevados a juicios, donde muchos alegatos de defensa comienzan con un : Senhores, eu vi...

Barbarismo afrancesado que adopto: flanear. Se puede por Rio por sus barrios viejos, dicen que no por São Paulo. Rio con su patrono São Sebastião, y también el otro Sebastião, el rey legendario que desaparece en el combate contra los moros en Alcácer-Quebir, y que regresará para la liberación. Una creencia que en el Nordeste medieval se sostuvo, como aquella de un Negrinho do Japão.

En portugués, léase: Nova York (Nova Iorqui), Picnic (piquiniqui), Psicologia (Pisicoloyia). Las consonantes necesitan un apoyo vocálico, fenómeno del sánscrito, el suarabácti , modalidad de epéntesis que consiste en deshacer un grupo de consonantes por intercalación de una vocal.

Pexote, título de la película de Héctor Babenco, cineasta argentino radicado en Brasil. Trata sobre un menino de rua y su carrera en la delincuencia y la marginalidad. Pexote o su variante pixote, del chino pe xot “não sei”, expresión de juego usado en Macau, Asia. Dícese del novato, inexperto, o de aquel que juega mal. Etimología y acepción tomadas del Aurélio, el diccionario más ameno que yo conozca.

Cheiro, gesto de amor en Brasil. Oler a quien se va a besar o abrazar. Demostración de sensualidad tomada de los chinos. Aspiración del aroma del cuello, muy practicado también al alzar a bebés o niños.

¿Práctica de Vudu Zen entre los esclavos africanos de Brasil?

Para la firma de Tratados con países occidentales, durante la modernización de la época Meiji, había interés en mostrar a Japón como un país “cristiano”, y por eso el historiador Kunitake Kume, en 1903, reflotó la posibilidad de que el Nestorianismo hubiera pasado a China y luego a Japón en el siglo VIII, y que hubiera influido en Shotoku Taishi, el primer emperador legislador.

Un 26 de diciembre de 1930 un incendio destruyó la Montaña Rusa del viejo Parque Japonés, iniciando el fin a la historia de este legendario parque de diversiones porteño. Había sido inaugurado en febrero de 1911 en los terrenos de la actual Avenida del Libertador y Callao. El parque tenía dos lagos, uno grande y uno pequeño, ubicados a distinto nivel y entre los dos se levantaba una especie de monte Fujiyama atravesado por túneles en los que corría un trencito. En el Lago Grande se podía navegar en canoas que llegaban hasta la Isla de las Geishas.

Dice Haroldo de Campos: “Desde hace mucho me estoy ocupando de Hagoromo (ver en A Operação do Texto, Perspectiva, 1976, mi ensayo dedicado al asunto, cuya primera redacción remonta a 1960). Desde los años 57-58, en que me inicié en la lengua japonesa, por intermedio de las lecciones del recordado Prof. José Sant’Anna do Carmo, empecé a alimentar el proyecto de recrear esta pieza poema. En 1969, traduje el “Canto final del coro” (kiri), deslindando laboriosamente el texto original confrontado con varias traducciones disponibles. Fue ese fragmento el que, posteriormente, dediqué a Hélio Oiticica, haciendo una comparación entre el hagoromo de la ninfa celeste y sus parangolés . Además de las cartas que intercambiamos en esa época, las impresiones de Hélio, inspiradas por este paralelo, están registradas entusiastamente en su diario neoyorquino (1973), que pude revisar gracias a Luciano Figueiredo, curador del acervo del artista. Hélio llegó a imaginar la posibilidad de una parangoplay (parangopeça) ... En 1979, por otra parte, la fusión hagoromo / parangolé me inspiró un poema (“Parafernalia para Hélio Oiticica”) incluido en el guión del film H.O, de Ivan Cardoso, homenaje a nuestro inolvidable amigo.”

En su tercer viaje Gulliver llega, a bordo del Amboyna, a Japón, una de las “más remotas naciones del mundo”, y desembarca en Nangasac (Nagasaki).

Daigaku Horiguchi (1892-1982) fue un poeta japonés que a partir de 1918 y durante seis años vivió en Rio de Janeiro, donde inició su vasta traducción de la poesía francesa. Su antología Guekka no ichigun (Un rebaño bajo la luna, 1925), incluyó 340 poemas de 66 poetas franceses, entre otros, Baudelaire, Verlaine, Mallarmé, Rimbaud, Paul Fargue, Rémy de Gourmont, Apollinaire, Salmon, Cocteau, Valery y Max Jacob. El libro tuvo un impacto enorme.
Estos dos poemas fueron tomados de Un rebaño bajo el sol, antología traducida por Atsuko Tanabe (+) y Sergio Mondragón (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1988).

Rio de Janeiro

Ebrio, ebrio, ebrio
Está el paisaje nocturno de Rio.
En medio del negro cielo
La Vía Láctea desnuda es una diosa recostada.
-Dispénseme, pero hace tanto calor.
Una procesión de antorchas avanza misteriosamente
Por la orilla de Bahía Bela.
Unas almas bailan sobre la cuerda floja
Tendida sobre el Pan de Azúcar.
¡Aplausos, por favor, si lo logran!
¿Qué estará lavando el mar a estas horas?
Sobre la tierra firme levantan las palmeras como
Inmóviles gendarmes
Hieren la oscuridad los dientes blancos de bellísimas negras
De un cabaret atestado de humo y música
Sale la luna con la cara roja
Sube tambaleándose sobre el mar que espejea.

Tierra natal

Cuando regreso a mi país natal
Me vuelvo un vagabundo solitario.
Ah, quién me consolará en esta tristeza.
Ya siento mi tierra como una tierra extraña.


Atsuko Tanabe pasó sus últimos años en Rosarito, el pueblo donde se filmó Titanic, escribía una novela sobre la familia. Me decía: “todas son como una sopa espesa, hundes el cucharón y cada vez aparecen cosas nuevas que no imaginabas”. Atesoro dos cartas de Ryoshiro, su marido. Homenaje a nuestra bella ausente.
En 1986, el bailarín de teatro-danza Butoh, Ohno Kazuo, presentó en el Teatro San Martín, su espectáculo “Admirando a la Argentina”. Antonia Mercé con su danza flamenca había subyugado al joven Ohno, espectador en el Teatro Imperial de Tokio, en 1929. Cincuenta y siete años después, Ohno recibe un chal como presente de la familia de la bailarina, y repitiendo el gesto shamánico de las danzarinas religiosas de los templos, viste la prenda y convoca a su musa.
Breve arte de amar en lengua japonesa: antes, “te amo” se decía suki (eu gosto de você), ahora ai shite imasu. Ai (amor) es una palabra de la posguerra de 1945. Yo, palabra que designa la relación entre un hombre y una mujer, entonces, desconocimiento del otro sexo (yo o shiranu), su conocimiento (yo o shiru).
Las cuatro fuentes de dolor para el Budismo son: nacimiento, vejez, enfermedad y muerte, a las cuales se agregan: la angustia de estar separado de quienes se ama (aibetsuri-ku), la extenuación por tener que estar con quien se odia (onzoe-ku), la frustración por no obtener lo que se anhela (gufuto-ku) y el sufrimiento que obstaculiza las cinco funciones del cuerpo, la mente y el entorno (goonjo-ku).
Sentimiento materno: kanashi , la compasión, lo que siente la madre al ver a su hijo recién nacido.
Boy friend y girl friend son los amigos con quienes hay un flirt: que no ha de concretarse nunca en una consumación que arruine el encanto de lo indefinido, o que resuelva el desconcierto de quienes observan de afuera y se preguntan ¿y ellos qué son? Love (Rabu) es el amor platónico, también sin consumación carnal, un suspiro que se prolongue como una vita nuova. Traducciones del inglés conceptualizadas a la japonesa. Su ideóloga más exitosa: Banana Yoshimoto y su teoría de la tenderness, ¿otro modo de la compasión budista en versión posmoderna?

Desconcierto por la operación de Marco Polo: se puede partir de Venecia y llegar caminando a Oriente. Pero luego los relatos resultarán inverosímiles.

Papeles picados que adornan los dinteles de los restaurantes, vendedoras que defilan el pollo cocido con las manos, el traje de la china poblana con sus encajes, la leyenda de la china que fingió un ataque místico para hacerse monja y protegerse en los claustros de Puebla. La nave de Acapulco y la entrada de Oriente desde el Pacífico. México, con sus colores, es mi India.

Sesión de cuentos de fantasmas: cada uno, una noche de verano, en rueda ante una vela encendida. Al terminar su relato, cada participante debe soplar su vela. Al final todo queda a oscuras. Los oyentes transpiran de calor y miedo, y eso refresca sus cuerpos. Alberto Laiseca cumplió su ciclo de relatos de fantasmas y terror, en versión porteña, bajo un ventilador de techo. Invariablemente, al finalizar el encuentro, algo sucede: una brisa repentina se levanta, un pájaro nocturno gime, una voz lejana se hace presente.

De Vincent van Gogh a su hermano Theo: “Ahora sí sabes lo que es una “mousmée” (lo sabrás cuando hayas leído Madame Chrysanthème de Loti). Acabo de pintar una. Una mousmée es una muchacha japonesa – en mi caso provenzal – de doce a catorce años”.

1 comentario:

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