7.06.2009

cajon de sastre. evaristo cultural. columna por Amalia Sato

De notas en cuadernos, de copiar de libros ajenos o en bibliotecas, o de los propios para evitar el subrayado entusiasta, hoy, y en exclusiva para Evaristo, notas auxiliares para airear el namedropping, para colaborar en la insinuación de una cita erudita, para ayudar a instalar con un levantamiento de cejas o el susurro adecuado la inquietud por cierta información en esas causeries iniciadas en un sillón que se hunde en el aparte de una fiesta, e interrumpidas y nunca retomadas cuando uno/a se levanta para buscar otra copa.

Por los aventureros parásitos del siglo XVIII que recorren Europa de un extremo a otro, y que se sienten en casa en todas partes, que a veces bordan en los salones, que asumen también la causa de las mujeres, y que aman el marco vegetal y enredado de ciertos encuentros.


En el teatro Noh, el teatro japonés clásico de las máscaras y los fantasmas, para que los golpes de los pies resuenen de un modo especial hay jarras de arcilla enterradas en los bordes del escenario, tanto en el principal como en el puente. La posición y el ángulo según el cual están enterradas, es un secreto celosamente guardado por los carpinteros (ahora se emplean conos de arena).

La salsa de soja (shoyu) era exportada a Europa desde la isla de Dejima (Nagasaki) por los holandeses. Dicho sea de paso, una isla artificial con unas tres cuadras de profundidad, separada por un canal de dos metros de ancho de tierra firme, con forma de abanico, con su aduana, su juzgado, sus casas pintadas de verde y con muebles occidentales, hoy reconstruida, donde se puede adquirir el perfume Madame Butterfly, y donde reaparecen personajes de esos tiempos, apretando un botón que los trae a la vida en forma de hologramas que avanzan y se plantan ante el visitante en tamaño natural. Volvemos, la técnica de fermentación desarrollada en el período Muromachi mejoraba la herencia de la salsa china. Como era tan caro el shoyu, los pobres seguían condimentando con miso (pasta fermentada de soja) y recién en el siglo XIX la salsa se hizo popular. Los holandeses intentaron copiar la fórmula pero no lo lograron. L’ Enclyclopédie (Diderot!) la cita y también Engelbert Kaempfer (1651-1716) un médico que estuvo en Japón.

Un grupo de pintores de Nueva York y Boston, autodenominados The Ten, admiradores de Japón y los impresionistas, formaron “The Tile Club”en 1877, el Club del Azulejo, que los reunía para comer y pintar azulejos. Luego, las muestras, los regalos a los amigos, la multiplicación de lo pequeño.

Rostro: desnudez humana que puede adoptar una apariencia, pero siempre a punto de despojarse de las mentiras y de las formas; debilidad, petición, ya mendicidad, pero también una extraña autoridad, desarmada pero imperativa, que me interpela a mí, responsable de esta miseria y que, eventualmente me ordena ponerme, identidad pura e imposible, al servicio de lo verdadero. Fuera del sujeto, Emmanuel Levinas.

Arte de la geisha, (geisha no sólo mujer sino alguien que representa). Arte nunca explícito. Como mariposas, todavía perseguidas en Kioto por las cámaras digitales de los turistas. Pasitos rápidos, la cara enharinada, aparecer para desaparecer. La puesta en escena, siempre elusiva. Cualidad iki, ideal moral y estético de la época Edo: saber exactamente qué grado de despliegue erótico es oportuno para combinarlo con el más alto nivel de gusto. Mostrarse como una teatralidad en acción, usar el artificio para no mostrar aspectos desagradables, representar sólo lo elegido. Como vivir y dormir delante de un espejo.

Para los caminantes en ciertas escenas callejeras que van mascullando. “Aquella enfermedad de los monjes medievales que, cansados de tanto rito mecanizado y tantos rezos no atendidos por nadie, empezaron a blasfemar, la acedia.”( cito de la novela de Carlos Heitor Cony, Antes, o verão)

Hasta el siglo XIII beber té era un acto medicinal. A partir del XVI tan esencial se volvió el rito de tomarlo que había que ser original en el modo de implementar la ceremonia: por ejemplo, los potes de cerámica -donde los más humildes guardaban su té de cebada perfumado con soja en polvo – se convirtieron en objetos muy codiciados por los teístas conocedores. La historia más famosa la protagonizó una pequeña vasija de cerámica roja con una banda negra brillante chorreada que rodeaba la boca, pertenencia de una campesina, que fue comprada por un samurai de bajo rango, llamado Inazu Chubei, y que inició una cadena de venta con cotizaciones cada vez más altas, para terminar bautizada como “Hitoyo” (Rareza) y venerada con bolsita de brocado y tapa de marfil como un ejemplo de esa belleza, resultado de una creación accidental, y que se convierte en bello objeto fascinante.

El caso de Abe Sada escandalizó en 1936 a la sociedad japonesa. Una mujer de mediana edad mata a su amante estrangulándolo y luego le secciona pene y testículos. Fue un episodio crucial en el desarrollo de la conciencia sexual de Japón, que dejó en claro ante el público que las mujeres tenían deseo sexual. Sada anduvo a la deriva por Tokio durante cuatro días hasta que la arrestaron. Lo notable es que todo Japón sintió simpatía por ella y que, una vez que cumplió la sentencia y se reintegró a la sociedad, representó su propio papel en obras de teatro basadas en su historia. El film de Nagisa Oshima, “El imperio de los sentidos”, le quita los tonos conmovedores para leerla como una devoradora de hombres. Japan review dixit en 1998, número 10.

El 26 de diciembre de 1930 se incendió el viejo Parque Japonés, que se había inaugurado en 1911 en terrenos del actual cruce de Avenida del Libertador y Callao en la ciudad de Buenos Aires. Ese día los empleados se habían retirado a almorzar. Los elefantes, del Circo de Berlín que se presentaba en esos días, enloquecieron, la Montaña Rusa de más de cien metros de largo se consumió. Tres años después lo cerraron. Y desapareció así una de las mayores atracciones de Buenos Aires, proyecto del Alfredo Zucker, un ingeniero alemán. ¿Quién podrá comentarnos de los dos lagos ubicados a distinto nivel y separados por un Monte Fuji, atravesado por túneles por los que corría un trencito? ¿Y de las canoas que llegaban hasta la isla de las Geishas?

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