7.06.2009

cajon de sastre. evaristo cultural. columna por amalia sato

De anotaciones sin fecha, de copiar de libros prestados para evitar el subrayado inconveniente, datos para crear coordenadas que permitan pensar a Japón, la Pestaña del Mundo tal como los portugueses veían a esas islas, como una factoría de recursos inesperados.


Uno camina por los corredores del subterráneo de Tokio y aparece en los afiches o en las hojas de publicidad que se recogen al paso la figura de la actriz Yoshinaga Sayuri, con su kimono, su rostro maduro apacible y bello, un remanso para la mirada de los sayuristas, su legión de admiradores. Una puntuación del bello Japón, una señal de la obsesión con la tradición. En los 70, la campaña Discover Japan fue lanzada por la empresa publicitaria Dentsu, copiada de la invitación norteamericana a Discover America. Y los turistas locales se lanzaron a recorrer el país para ubicarse en el mismo lugar que Hokusai ante sus vistas. En 1980 fue el turno de Exotic Japan y las visitas al Monte Koya, el santuario en medio de las montañas y los bosques, y la música de Kitaro que evocaba el Camino de la Seda, con el consiguiente éxito de los festivales chinos de Nagasaki y Kioto. Ni qué decir de la ropa negra de Kawakubo Rei y Yamamoto Yohji (Comme des Garcons) que evocaba a los monjes y sus túnicas. Esa misma década vio también el auge del Neo Japanesque, una alusión al Japonisme francés, recreado en productos “nostalgia” que imitaban la estética de la época Taisho y Showa. Todo va sedimentando en capas, y la multitud de viajeros, la mayoría estudiantes o grupos de jubilados, pueden hacer ahora cualquiera de los recorridos que van quedando propuestos como programas permanentes.

Duda. ¿Los grandes ojos en el manga en esos personajes alados con la belleza noble: son la ampliación del ojo occidental o la pupila budista que se abre a un mundo de revelaciones, o ambas?

Los lectores más desesperados: los trabajadores asalariados que vienen del campo en la posguerra a trabajar en las grandes ciudades de Japón y que no tienen amistades, ni dinero para ir al cine, leen tres libros por día, unos cien al mes, tomados de librerías de préstamo o devorados de pie en la operación tachiyomi (leer de pie en las tiendas sin recibir ninguna sanción de los vendedores).

Las máquinas hanbaiki, expendedoras de bebidas frías y calientes, o de cigarrillos, presentes por todas las calles, andenes y en los más apartados caminos, siempre impecables, impersonales, dando el vuelto exacto. No es elegante reponer la mercadería o retirar el dinero a la vista de los transeúntes. Quienes las explotan, generalmente los que viven cerca o las tienen en sus veredas, se ocupan de ellas en horarios insólitos cuando nadie puede verlos alterando la presencia impoluta de la máquina, que es un símbolo casi de la disponibilidad eterna. Kyoichi Kitayama en su novela Funadorimade les asigna un papel clave e inquietante.

Japón anticipando el futuro, el bullying (el acoso emocional) al que recién se le pone nombre en nuestro medio, ya existía como el ijime (el acoso, sobre todo escolar) que tantas víctimas produjo: niños débiles emocionales llevados al suicidio por el reiterado ataque de los compañeros, a veces solapado (hacer el vacío, la mirada desdeñosa), a veces público (las formas más crueles de humillación), y el duelo de sus madres que gritan desesperadas su rabia ante la escuela o la casa de los agresores. Tratados, especialistas, una sociología mediática que lo usa como explicación de crímenes (junto con la conducta hikikomori, vivir encerrado). Ahora con la crisis, una nueva conducta empieza a expandirse: adultos sin trabajo que vuelven a vivir con sus padres ancianos, y que al morir éstos, ocultan sus cuerpos para poder seguir cobrando sus jubilaciones o pensiones, muchas veces con la anuencia de sus progenitores en una suerte de amor y protección más allá de la muerte (recuerdo El sonido de la montaña, la novela de Kawabata que inicia su reflexión sobre la vejez, y uno de cuyos temas era el límite de la responsabilidad de los padres hacia los hijos adultos). Una conducta todavía sin nombre pero que se va reiterando, y que puede llegar a expandirse como recurso ante el negro panorama económico con que nos amenazan. Con el aumento de “solteros parásitos” de mediana edad, los casos se volverán cada vez más comunes, y con seguridad habrá un espectacular aumento de solteros adultos indigentes huérfanos. ¡Otro escenario posible de la tan mentada crisis financiera mundial con que nos amenazan!

Dos palabras de un japanglish mediático: EDUTAINING (educar entreteniendo) y NOMUNICATION (comunicarse bebiendo alcohol).

Eijanaika, así se denominaban movimientos de masas en éxtasis que se orquestaban cada sesenta años durante la época feudal. Miles de personas recorrían los caminos y entraban en las casas donde se apropiaban de comida y bebida, copulando, danzando, cantando, con una conciencia de una emergencia o fin de algo, el último tuvo lugar en 1867, adelantado en dos años (algunos sugieren que organizado por los enemigos del shogunato) y condujo a las masas hacia el santuario de Ise, donde decían que estaban cayendo amuletos del cielo. Hay una película de Shohei Imamura de 1981 que toma el tema, su título en español queda traducido por ¿Qué más da?, o ¿Por qué no? ….

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