7.06.2009

cajon de sastre. evaristo cultural. columna de amalia sato

De notas en cuadernos, de copiar de libros ajenos o en bibliotecas, o de los propios el subrayado entusiasta, hoy, y en exclusiva para Evaristo, notas auxiliares para citar sujetos en sus coordenadas, para que se reproduzcan los satori de la información menos esperada en el momento exacto.

Por esos entretiens sur toutes choses, gusto por lo múltiple y la diferencia, prueba de que se ha vivido la experiencia del mundo como repertorio inabarcable e insospechado, que mi amigo Setsuo Harakawa de la ciudad de Kobe ejerce como exquisito oficiante en el arte de la cordialidad: superficialidad/ cuidar la superficie, siempre.

El 5 de marzo de 1944 Georges Bataille plantea su posición sobre el tema del pecado ante un grupo de selectos oyentes. Klossowski marca que para GB no ser culpable es no ser en absoluto, porque ser sin culpa es no gastar. Hyppolite señala que lo grave no es el pecado sino la mediocridad, que no es ni la gracia ni el pecado. Adamov se sorprende con la entonación propia, que traduce una experiencia personal…Para Jean Michel Vappereau, espíritus esclarecidos que siempre estuvieron criticando lo que todavía estaban aprendiendo, que no vieron cómo se impuso el reino del Sujeto de la Ciencia. No podíamos pensar Ese Crimen. Todavía pensamos como antes, tranquilizadoramente, como antes. Veo en los corredores del subte los afiches del Museo del Holocausto en Buenos Aires. La última imagen que uno se lleva del Museo de Nagasaki es la del niño fotografiado por Joe O’Donnell “Niño en el crematorio de Nagasaki”, un cuadrito pequeño justo antes de la salida, enfrente del mostrador de venta de souvenirs. El fotógrafo reportero disparó y después entendió, y sólo pudo asistir mudo a la escena. Busquen en internet: allí está todo.

Gonza, un muchacho de Satsuma (en la isla de Kyushu) naufraga con toda la tripulación de un barco japonés en el cabo Lopatka. Los cosacos los matan a todos, menos a él y a un compañero mayor llamado Soza. Los llevan ante la emperatriz Ana en San Petersburgo, y los bautizan Cósimo y Damián. Se les enseña ruso, lengua que llegan a dominar a la perfección. En 1736 se crea la primera escuela de idioma japonés, a instancias de Andrei Bogdanov, un bibliotecario muy sabio, y los jóvenes japoneses son los maestros. También otros náufragos son recibidos como instructores. Gonza, quien escribió varios libros de enseñanza, transcribiendo al cirílico el alfabeto japonés, muere a los 21 años.

Entre 1977 y 1983 entre trece y veinte japoneses jóvenes fueron secuestrados por espías de Corea del Norte, y llevados al continente para que enseñaran la lengua y la cultura japonesas, o para robarles su identidad. Una de las secuestradas fue Megumi Yokota, de 13 años, que volvía de una práctica deportiva de su colegio. Dicen que murió pero que tuvo una hija. Solamente cinco de los secuestrados regresaron. Soyichi Moto es el autor de un manga sobre la historia de la niña Megumi. El primer ministro Koizumi tuvo la tardía confirmación del destino de estos desaparecidos, víctimas absurdas, pocos años antes de esta época de saturación de información y circulación de datos.

Me impresionó el escritorio de Lafcadio Hearn, una mesa con patas muy largas, y una silla acorde, para facilitarle la lectura: tener los papeles casi pegados a los ojos. Lafcadio siempre retratado de perfil, homenajeado en todas las ciudades donde residió, casi ciego, profesor de inglés, al rescate de las tradiciones, de los cuentos de fantasmas. La devoción de su mujer, Setsu Koizumi divorciada, abandonada por su primer marido y que le dio tres varones y una hija. Y en el memorial de la ciudad de Matsue, el recuerdo a su amigo Sentaro Nishida que muere tan joven a los 36 años.

El onnagata, el actor mujer, más famoso de Japón, Bando Tamasaburo entra en escena y yo lo veo desde el paraíso. La cola del kimono serpentea, y cuando toma asiento la tela queda ordenada como un platito perfecto. Algunos hombres lanzan con su voz espléndida los kakego, los gritos de aliento, son los kuro (los fans, los conocedores), y lo hacen en el momento preciso, haciendo vibrar la sala. Tamasaburo tiene sus más de 50 años y continúa preservando la “flor” de su encanto.

¿Entrada japoniste al paladar? Siempre Francia y así lo dice Michel Onfray en La razón del gourmet, en traducción de Víctor Goldstein: “La Nouvelle Cuisine se hace cargo de esta expulsión de las autoridades antiguas, quiere disipar la sombra de los comendadores que impiden la creación, la innovación. (…) A este compromiso hético, que también es ético, la NC también añade una preocupación de poetización de las fórmulas, en ocasiones hasta el exceso; (…) la orientalización de las referencias, tanto en el uso de las especias como en las cocciones, donde el vapor seco y el agua inducen prácticas del casi nada; (…). La cocina dejó de ser exclusivamente un asunto de burgueses que se alimentan para convertirse en una estética total, un pretexto para experimentar el gusto en el júbilo, una ocasión hedonista.”

El deseo de renovación en el lenguaje poético, inaugurado por Ezra Pound, heredero de las libretas de notas de Ernest Fenollosa. Pound, y que sintetiza sus fuentes de renovación orientales, diciendo “Whistler y los japoneses”, aplica el recurso (tomado de los apuntes de Fenollosa) de superponer distintas imágenes. Transcribo este relato (casi un haibun/ensayo haikai): Hace tres años en París, salía del subte en la estación La Concorde, y de pronto vi un bello rostro y luego otro y otro… y busqué durante todo el día palabras para lo que eso había significado para mí… y esa noche… encontré repentinamente la expresión… no en palabras sino en súbitos manchones de color. Fue eso –una pauta (pattern) o casi una pauta, si por eso entendemos algo con una repetición. Pero fue para mí el comienzo de un nuevo lenguaje en color: The apparition of these faces in a crowd/ Petals on a wet, black bough (La aparición de estos rostros en la multitud/Pétalos en una húmeda, negra rama)

1 comentario: