10.02.2009

Kazuya Sakai. El arte de las invenciones culturales. Texto catalogo, Exposicion Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina.

KAZUYA SAKAI (1927-2001): traductor y editor, el arte de las invenciones culturales
Por Amalia Sato


Nacido en Buenos Aires, Roberto Kazuya Sakai fue un nisei que tuvo el privilegio de dominar perfectamente la lengua japonesa. En 1938 sus padres lo envían a Japón junto con sus dos hermanos para recibir una educación formal, y allí pasará la experiencia de la guerra para regresar recién en 1950. A partir de entonces y durante una década que concentró sus mejores energías, desarrolló un programa de difusión de la cultura y literatura japonesas que todavía deslumbra: apoyó al Instituto de Intercambio Cultural Argentino Japonés, al Centro de Estudios del Lejano Oriente y al Instituto de Cultura Argentino Japonés, que se fueron creando sucesivamente en 1952, 1956 y 1957, desde su cargo en el área de cultura de la Embajada de Japón; y fue interlocutor de Jorge Luis Borges, José Edmundo Clemente, Vicente Fatone, Julio Payró, y tantas otras figuras convocadas para el diálogo intercultural.

Incansable, Sakai dio conferencias y, entre sus muchas participaciones, promovió el estreno de Rashomon de Kurosawa en el cine Biarritz – película que representó la entrada de Japón en la escena cultural internacional después de la guerra -; organizó una muestra sobre grabados japoneses en la librería Peuser, reeditando el fervor japoniste del público porteño; dirigió la revista Bunka, órgano del Instituto de Cultura Argentino Japonés. Y sobre todo, lanza la editorial La Mandrágora, que cambiará su nombre por Mundonuevo, junto con su compañero de ruta, Osvaldo Svanascini. En este campo su labor merece dos calificativos, pionera e inmensa: los torturados cuentos de Akutagawa donde la modernidad se funde con lo más oscuro de las tradiciones populares, las piezas de teatro Noh de Mishima recreadas en todos estos años por tantos directores argentinos para sus experiencias de vanguardia ascética, los textos sobre budismo zen de Suzuki que son y han sido lectura iniciática para tantos, el libro sobre el arte de la arquería de Herrigel mistificado hasta el cansancio, El libro del té – best seller por excelencia en la bibliografía sobre estética. Todo traducido, prologado y anotado por Sakai con nivel proselitista. Cualquier amante de la literatura reconoce en sus elecciones un gusto exquisito y el don de la oportunidad, la magia de un catálogo que merece una reedición. La inhallable Colección Asoka tricolor: morado para filosofía y religión, coral para literatura, y turquesa para arte, mencionada con fervor por todos los que se inician en un recorrido por Oriente.

Pero el enorme despliegue en Buenos Aires fue breve: sólo once años. Sakai se fue en el momento más alto de las expectativas alrededor de su figura. Y revisando sus traslados se dibuja una biocronía con simetrías extrañas, como las que trazaban las marchas del inquieto poeta Basho en el siglo XVII: infancia en Buenos Aires, de los 8 a los 24 Japón, de los 24 a los 35 el esplendor porteño, tres años en Nueva York, otros doce intensos en México (entre 1965 y 1977) en contacto con el círculo intelectual que rodeaba a Octavio Paz – y más traducciones como los cuentos de fantasmas de Ueda Akinari alimento del mejor cine japonés, la narrativa de posguerra de Abe Kobo, más teatro clásico Noh y literatura de mujeres del siglo X -, y desde los 50 años la etapa final en Dallas, Texas, hasta su muerte en 2001.

Dos décadas en dos ciudades, Buenos Aires y México, que significaron para la lengua española, gracias a su talento de traductor y editor, la adquisición de lo mejor de la literatura japonesa. Literatura que se incorporó a esa movilidad de cruces, traslados e invención cultural, que Sakai manejaba con mano maestra.



Amalia Sato
Profesora en Letras. Editora de la revista literaria Tokonoma, traducción y literatura. Tradujo, entre otros: El libro de la almohada de Sei Shonagon, El Gran Espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku, El maestro de go de Yasunari Kawabata, Revelación de un mundo de Clarice Lispector, Brasil transamericano de Haroldo de Campos.

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