10.27.2009

Texto catalogo. Fabio Morais y Cristian Segura. FUNCEB.

Terrritorios migratorios.
Fabio Morais (Brasil) y Cristian Segura (Argentina)
Por Amalia Sato

Entre la recolección y la colección, es un juego de palabras posible para deslizar el trabajo de Fabio Morais y Cristian Segura.

Ciertas claves de la obsesión de Morais se pueden rastrear en una carta que circula por Internet, escrita durante el año Brasil (el 2005), celebrado en París. En ella, “Diario de un artista en residencia”, Fabio cuenta de su sorpresa por la cantidad de libros que ve en la capital francesa, por una oferta de uno de Hélio Oiticica a 1 euro, del papel tirado por el piso, de los turistas sacando toneladas de fotos, de la proliferación de las tarjetas postales, de los árboles escritos a lo largo del Sena. Parte de las investigaciones que desarrolló en ese lugar lejano se transformaron en su exposición “Museo de Letras”: trazos de caligrafías, papeles amarillentos, libros viejos. Sobre éstos dice: “De a poco voy comprando en sebos libros que algunas vez fueron regalados a alguien, libros dedicados, que van conformando mi “Biblioteca de Ediciones Tomadas Únicas”. […] Esta Biblioteca no necesita un edificio o un lugar para que sus ejemplares estén reunidos físicamente, tarea imposible que me obsesiona. Cada ejemplar debe orillar la vida de las personas involucradas y, abandonado, como los otros que compro, permanecer sin dueño, como un territorio de la probable imposibilidad, de que la mano que trazó la dedicatoria se encuentre con la mano que recibió el libro”.
En esta exposición: la primera de Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke, en traducción al portugués de Paulo Rónai, armada con collage de caligrafías de diversas autorías y trazadas con distintos elementos de escritura (Carta), procedimiento repetido con una columna de una misma palabra que termina formando una frase (Te colecciono). Páginas arrancadas de unos cuarenta libros, alguna vez obsequiados, encuadernadas, en compañía de ejemplares de la Biblioteca de la Funceb, con sus dedicatorias a Carlos Drummond de Andrade, padre de una de las directoras de la casa, Maria Julieta (Dedicado). Una docena de títulos de la literatura brasileña, esculpidos con formato de alas – recurso ya empleado con anterioridad para acentuar el carácter leve y etéreo de los recuerdos en fotografías de niños de vacaciones en la playa –, y expuestos como una bandada de origamis gigantes en migración (Migración).



Si para Mallarmé todo acababa en la perfección de un libro, tal vez para las instituciones la necesaria autorización coagule en catálogos o libros de arte. Cristian Segura reflexiona sobre las industrias culturales, desde su rol de artista, gestor y curador. En otras oportunidades había expuesto certificados sin nombre, hitos de ruta culturales, pizarras; ahora, en una Argentina post 2001, donde para tantos el cartón se transformó en un modo de supervivencia, el artista lo trabaja desde su prestigiosa circulación cultural.
Así, Cristian inventa un “museo de papel” con catálogos vaciados quirúrgicamente con un cutter, y apilados en una estructura de frágil equilibrio, en alusión a los nuevos museos packaging que se constituyen en una exhibición de sí mismos (Museo de papel), posible contrapunto con realidades locales. O fabrica con cartón una valija, attaché de ejecutivo, maleta de gato félix fértil en recursos, homenaje a los objetos de Víctor Grippo, en la que se lee una maqueta del museo de Tandil, “valijita de ex director”, volteada, con un acabado de apariencia metálica que alude a una fortaleza blindada, que la precariedad del material y la “manija” sin quien la sostenga ironizan (Valijita de ex director). También siluetas de edificios museísticos talladas dentro de una pila de libros “en ablación”, cuyo contenido se constituye en otra pila de papeles, trabajan la dependencia de las instituciones – en este caso dos museos de provincia reconocidos por su renovación - con una producción textual y crítica, en un mutuo sostén de prestigios, firmas y recursos (Museo Juan B. Castagnino de Rosario, Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca): transformación de cuatro libros de arte publicados por el primero, y de catálogos producidos por el segundo. O, por el mismo procedimiento, se convoca a la memoria del horror, con las páginas del libro Gedenkbuch, 1823 páginas en dos volúmenes, con los datos de 128.000 alemanes judíos víctimas del Holocausto (Museo Judío de Berlín). O, apelando al sacabocados, Segura carcome los bordes de un libro editado por Fundación Antorchas, el cual testimonia la restauración de obras maestras del Museo Castagnino de Rosario, y junta esos restos de máquina trituradora de documentación, o confetti de carnaval, para cernir una sospecha juguetona sobre los peligros que acechan al “patrimonio protegido”: ya no las polillas o las ratas, sino los legales instrumentos oficinescos para destruir documentos indeseables (Un patrimonio protegido). Denuncia que acentúa con un guante de restaurador, reflejado en un espejo, formando un par ilusorio (Guante). Por último, un libro abierto sobre Lasar Segall, en edición de la desaparecida Fundación Velox, calado con las curvas de nivel que corresponden al territorio de Brasil, calcadas a su vez en la hoja opuesta, es materialización del complejo espesor que van adquiriendo las sucesivas mediaciones en la obra de un artista (Topografías comparadas).


En la era de lo digital, cuando la inmortalidad de los nuevos soportes como archivos de la memoria es sospechada y desconocida, dos jóvenes artistas articulan con el papel, invención milenaria, materia codiciada por piromaníacos y censores, superficie táctil y portable, plegadiza, fina, reciclable, sensual, olorosa, estacionable, vehículo, tesoro, en fin…las posibles conexiones de territorios, donde procesan la celebración de lo migratorio, pasaje de todas las fronteras.

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