3.28.2010

Texto Catalogo Diana Aisenberg, Arquitectura del cielo

DIANA AISENBERG Y OTRA POSIBLE ARQUITECTURA DEL CIELO
Por Amalia Sato

“Ama a tu prójimo como a ti mismo. Purifícate del mal, trabaja para la armonía universal”

Emanuel Swedenborg



“Yo intentaré ante todo ser honesta, justa, ayudar en donde se me necesite, alegre, amistosa y considerada. Utilizaré los recursos con sabiduría y protegeré el mundo a mi alrededor. Demostraré respeto a otros y a mí misma con mis palabras y acciones”
Compromiso girl scout

La fascinación por el contraluz, los juegos de sombras, las siluetas. La luz filtrada desde un otro lado era el tema de muestras anteriores. El deslumbre. Ahora Diana Aisenberg cruza a ese otro lado: el de la luz plena, la tierra sin sombras, el backlight celestial. Y en esa incursión en uno de los temas eternos de la Gran pintura, convoca a niñas ideales, desde afiches chinos, libros de ilustraciones ingleses, o cuadernos para pintar o troquelar. Niñas activas, con sus colitas, sus trencitas, sus zoquetes, su vestimenta impecable, en la aspiración por un mundo mejor donde cada acción se constituya en una afirmación de la alegría, o del trabajo positivo reflejado en rostros perlados de esfuerzo, convencidos de obrar bien. Leer, regar plantas, saltar a la soga, tocar un violín, acariciar animales, abrazarlos. La exacerbación de un borde sentimental, la cotización de una delicadeza devaluada, la saturación con la reproducción del cliché de lo bueno y lo bonito. Y alzarse de hombros.
La respuesta encantada ante el tintineo del cristal, la magia del cairel, su brillo, sus superficies refractarias que convocan a más luz. La inclinación reverente ante Swedenborg - quien a los 56 años emprendió como un Buda nórdico un diálogo sin fin con los seres celestiales -, en la elaboración de una nueva arquitectura, cuyo primer cielo es un río cubierto de camalotes, plantas santas que sostienen niñas, alfombras flotantes que son en realidad guirnaldas enrolladas. Abundancia de reflejos a la que los peces koi con su dorado también contribuyen. Y una caravana ante su admirado Henry Darger: las Vivian con su potencialidad salvadora, presentes. Y también las pequeñas maoístas que Stefan Landsberger colecciona, con esa energía poster sin fisuras, fe en el adoctrinamiento por la imagen.
Apuesta por la luz. La luz del estado de gracia, la luz envolvente en el cálculo cenital religioso, en el lifting pictórico sin sombras de las estampitas, o lo inmaculado de la pureza infantil. Inspiración nívea, seráfica, como el arco iris blanco que se le hizo presente entre la bruma de la mañana al viejo Goethe, y que el poeta interpretó como presagio de una “nueva pubertad”. Autorización a persistir, esperanzada y obstinada con otro feliz “Eureka”. .

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