3.30.2011

Ponencia de Cecilia Onaha, Aladaa 2011, Bogotá.

En estos días de inmenso dolor por el dolor y la preocupación en que está sumido nuestro querido Japón, publicamos esta ponencia presentada hace pocos días por Cecilia Onaha. Rogamos por que todo vuelva a la calma, por que la fragilidad del hombre pueda sostenerse otra vez sobre la fortaleza y la esperanza. Un marzo de 2011 muy triste, una inflexión impresionante con este cataclismo. La Naturaleza y el Hombre, y enfrentar interrogantes profundísimos.





LOS JAPONESES EN LA SOCIEDAD ARGENTINA.
Transformación de su imagen a lo largo del siglo XX.

Cecilia Onaha
Universidad Nacional de La Plata
conaha@gmail.com

INTRODUCCIÓN
Minoría modelo, grupo étnico de bajo perfil, trabajadores dóciles, niños disciplinados, cultura basada en la sensibilidad estética y al mismo tiempo un pueblo guerrero temible, pueblo que volcó todas sus energías en desarrollarse tecnológicamente y convertirse con ello en una potencia económica mundial. Estos son algunos de los elementos que fueron conformando la imagen del japonés y de su país, en Argentina y en muchas naciones latinoamericanas. Cómo fue que se conformó y consolidó una imagen relativamente positiva en términos de la sociedad receptora y cómo fue variando. En esta oportunidad abordaremos este proceso desde la perspectiva de la historia de la presencia japonesa en Argentina.
La primera década del siglo XX se presentaba promisoria para los japoneses que comenzaban a conocer a la Argentina, como un destino alternativo para la emigración, como un mercado para los productos japoneses. En un comienzo se trató principalmente de productos suntuarios, en un encuentro más o menos simétrico, con argentinos que visitaban Japón y japoneses que llegaban al Río de La Plata. Los primeros consumidores del arte japonés fueron miembros de familias acomodadas de la sociedad argentina, quienes en su paso por Europa, principalmente París, se encontraban con la moda del japonismo. También algunos argentinos viajaban por el mundo y así llegaban a Japón, enamorándose de su arte y vinculando así ambas culturas.
En 1910 comenzaron a surgir voces opositoras, principalmente ante la posibilidad de la promoción de inmigrantes japoneses – no así del comercio. Aquí en particular, nos interesará profundizar el por qué de que no se haya desarrollado una posición alineada a los Estados Unidos, en donde especialmente en los estados del Pacífico, al ver que se convertían en una competencia comercial amenzante comenzaron a tomar medidas de limitación de la migración asiática.
A partir de este panorama, el objetivo de este trabajo es presentar el resultado parcial del relevamiento de la documentación recopilada por la Comisión de Historia del Inmigrante Japonés en Argentina, en la búsqueda de respuesta a estos interrogantes.
La imagen desde occidente, de los japoneses, es interesantemente retratada por Rudyard Kipling, en su obra “From sea to sea. Letters of Travel”, será nuestro punto de partida para nuestra búsqueda.

Un comerciante de curiosidades se dobló por la mitad, sobre la estera de su puerta, y entré, experimentando por primera vez, la sensación de ser un bárbaro y no un auténtico sahib (amo). El lodo callejero formaba costra en mis zapatos, y él, el propietario inmaculado, me invitó a pasar sobre un suelo pulido y esteras blancas a un cuarto interior. Me trajo esterillas para los pies, lo cual aún empeoró las cosas, ya que una linda muchacha luchaba contra la risa, detrás de una mampara, mientras yo me esforzaba por calzármelas. Los tenderos japoneses no deberían ser tan limpios… Intenté una vez más consolarme pensando que podía hacer añicos la casa entera a patada limpia; pero con eso sólo conseguí sentirme grandote, tosco y sucio, y ése es un modo de sentirse muy poco favorable para regatear… Lo que quería decir era: “Mire, usted es demasiado limpio y refinado para esta vida en la tierra, y su casa no es adecuada para que un hombre viva en ellas hasta haber aprendido un montón de cosas que no me han enseñado. En consecuencia, le odio porque me siento inferior a usted y porque me desprecia, y desprecia mis zapatos, porque sabe que soy un salvaje. Deje que me vaya o le pondré por sombrero su casa de madera de cedro”. Lo que de veras dije fue: “Oh, ah sí. Realmente precioso todo esto”. Un modo realmente curioso de hacer negocios.”

ANTECEDENTES.
Los habitantes del actual territorio argentino - nativos, colonos españoles, sus descendientes, esclavos negros y comerciantes de diversos orígenes- ya a fines del siglo XVII, tuvieron oportunidad de tener contacto, con al menos, un japonés, que conocemos hoy gracias a un hecho anecdótico. La historia recogida por los miembros de la comunidad japonesa en Argentina se inicia con un primer antecedente en tiempos de la colonia. Entendemos por el relato que surge de un expediente de la Real Audiencia de Córdoba, sobre la demanda de un hombre bautizado como Francisco Xapon, el cual se señalaba llegó a estas tierras y fue vendido como esclavo en 1596 por el comerciante de esclavos Diego López de Lisboa, al sacerdote Miguel Jerónimo de Porras. En 1598 se dirimió el juicio a favor de Xapón, por lo que se deduce que fue liberado.
A partir de estos datos podemos reconstruir el perfil de este joven. Por aquellas fechas en las islas japonesas se vivían los años previos al incio del Shogunato de Tokugawa, y de la consolidación del Japón pre moderno, que aún está totalmente fragmentado. Lo bautizaron como “Francisco Xapón”, este apellido, como consta al parecer en esos documentos, por tratarse de “un esclavo de raza japonesa”, se le atribuyó, porque los miembros de estratos inferiores al de samurai no tenían derecho a portar apellido. Si tener más datos de este episodio, que consta tanto en la obra del historiador argentino Carlos Assadourian como en el de Hidemasa Maki , podemos inferir que se trataba de una persona con gran determinación frente a esa terrible situación y debe haber dejado en las autoridades locales seguramente el sello de su encuentro.
En 1639 el shogunato establece la medida de “sakoku” o cierre del país, medida que podrá ser sostenida hasta 1853. Si bien no significó nunca el cierre total, el hecho es que los contactos con el exterior estuvieron monopolizados por las autoridades shogunales o de los daimyo con autorizaciones especiales. También el contrabando – especialmente a través de la frontera norte, no será algo extraño. Pero de todos modos en lo que atañe a la relaciones con Hispanoamérica no se encuentra otro episodio de contactos hasta la segunda mitad del siglo XIX.

El siguiente encuentro del que ha quedado un documento fue la presentación de la compañía Satsuma e hijos en la ciudad de Buenos Aires, el 8 de marzo de 1873. De acuerdo a lo apuntado en la crónica realizada por Kunitake Kume de la famosa Misión Iwakura, primera misión oficial importante enviada por el gobierno japonés en 1871, durante su paso por Nueva York se encontraron con una compañía circense con ese nombre. Si bien era muy común este nombre, podemos llegar a asociarlo. Apenas producida la apertura forzada del Japón, el gobierno shogunal y los feudos más importantes enviaron grupos de jóvenes a buscar información al exterior. Más allá de estas misiones oficiales, para la población del común, aquellos interesados en salir del país, la vía era ponerse al servicio de extranjeros temporalmente en Japón o dedicarse a actividades artísticas. De hecho, tal como se menciona en la misma historia, el pasaporte número uno emitido por el gobierno japonés moderno, fue para el mago Rogoro Sumidakawa. Lo interesante del caso de la compañía Satsuma es qué sucedió luego y si bien no ha sido aún resuelto, mientras en la Historia del Inmigrante Japonés en Argentina se hace mención solo a uno de los posibles miembros del grupo que al parecer se disolvió en Buenos Aires.
Sobre este tema, un corresponsal del diario Yomiuri, Tokujiro Furuta entrevistó a un inmigrante que había llegado a través de los Andes, en los primeros años de la era Taisho, como empleado de la casa comercial Omura. Él le había contado que durante su viaje, en Santiago de Chile se había encontrado con un japonés que había prácticamente no hablaba japonés y que le contó que de niño había estado viajando con una compañía circense, que lo dirigía una mujer, pero que en Argentina se disolvió. Otra pista que puede ser vinculada con esta compañía es la presencia de un pequeño pueblo en la zona fronteriza entre las provincias de La Pampa y Río Negro, a orillas del Río Colorado, llamado La Japonesa. Son inciertos sus orígenes, pero es muy posible que tenga larga data y que aluda al paso o la presencia de una mujer de ese origen. Para indagar un poco más acerca de este pueblo, el entonces director del periódico Akoku Nippo, Takeshi Ehara, en 1964 hizo una investigación en la zona y en su reporte, relata que hay varias versiones sobre su origen, pero que indudablemente se trata de una mujer japonesa. Una de ellas es que se habría tratado de la empleada doméstica de un técnico de ferrocarriles británico, que cuando regresó a su país, la dejó en Argentina. Otra versión sostiene que en la compañía de circo había una muchacha, que se fue con un inglés quien finalmente la abandonó en esa zona y luego de lo cual ella se suicidó. Así los lugareños en recuerdo de su alma le dieron ese nombre al lugar. A su vez hay quienes sostuvieron que se trató de la esposa del dueño de tierras de la zona. Kazuo Takagi, estudioso del gaucho argentino, relata que en 1940 en una recorrida próxima a esa zona se encontró con una anciana que decía que tenía sangre japonesa, pudiéndose haber tratado de la hija de esta mujer en cuestión. El misterio sobre la vinculación con la compañía Satsuma que pasó por el Teatro Colón no terminó de resolverse, pero lo cierto es que en los primeros años de la era Meiji, ya un grupo de japoneses había pasado por Argentina.

La siguiente imagen que surge en nuestra búsqueda es la de Kinzo Makino. Nacido en Miuramisaki en 1864, eligió convertirse en tripulante de un barco británico para poder salir del Japón. En su viaje por el mundo finalmente decidió establecerse en Argentina, dirigiéndose a la provincia de Córdoba. Al hablar inglés pudo conseguir trabajo en el Ferrocarril Central Argentino como maquinista. Sobre su vida se conserva el testimonio del Secretario de la Representación Diplomática japonesa, Naoya Nagamine, publicado en el periódico Arudzenchin Jiho del 12 de marzo de 1927. Cuando Makino llegó a Córdoba a fines de la década de 1880, la mayoría de los pobladores ni siquiera sabía de las tierras de origen de Makino. Por su aspecto, similar a un indígena boliviano lo llamaban “colla”. Uno de los últimos testimonios sobre su vida, fue el que se encuentra en el artículo escrito por Kiyoshi Tagawa, en un número aniversario de Akoku Shimbun, publicado el 25 de mayo de 1937. Allí relata que en el pueblo de Villa María, Córdoba, conoció a un anciano jubilado de ferrocarriles, con quien charlando supo que había trabajado con Makino. Lo recordaba como Maki Kinzo y lo describía como un buen compañero en el trabajo y en el trato, aunque muy callado”.
El relato finaliza con el siguiente comentario de Tagawa: “Es probable que haya seguido sintiéndose japonés, pero aparentemente parecía haber olvidado tanto nihongo (idioma japonés) como el inglés. Un amigo de Córdoba me comentó que le costaba conversar con él. El hecho de que a su funeral haya concurrido mucha gente no japonesa, se debió a que sus familiares eran argentinos y él mismo había vivido la más pura vida criolla. No sabemos si con su familia fue feliz, pero ese modo de vivir, aislado de la colectividad, se debió seguramente a su afán de pasar el resto de su vida cosmopolita de modo simple. Seguramente no lo habría buscado por preferencia”.
De estos antecedentes la imagen que resulta es muy difusa, vinculada a personas que se perdieron en el tiempo o como el caso de Makino, si bien dejaron descendencia su imagen quedó más ligada a los británicos y a los criollo argentinos.

PRIMERAS IMÁGENES.
El viaje del año 1900 del buque escuela Presidente Sarmiento, nave utilizada para la instrucción final de los cadetes de la Escuela Naval Militar, incluyó por primera vez puertos japoneses con el fin de refrendar la firma del Tratado de Amistad Comercio y Navegación, realizado en 1898. En su paso por Yokohama, se emitió el anuncio de que estaba reclutando camareros japoneses. Yoshio Shinya, un joven que estaba trabajando como empleado en una tienda en Nagasaki, al enterarse decidió entrevistarse con el capitán, quien le aseguró que sería admitido si presentaba la autorización escrita de sus padres. Shinya regresó a su hogar natal en Saga, preparó sus documentos y se dirigió a Kobe, la siguiente escala de la fragata. Allí lo esperaba ya Chujiro Toriumi, quien se había incorporado en Yokohama, ciudad de la que era oriundo.
Shinya desarrolló luego una larga trayectoria en cuestiones comerciales y fundamentalmente culturales, tanto en el seno de la comunidad japonesa en Argentina – siendo miembro fundador de la Asociación Japonesa en Argentina, como fuera de ella participando en la creación de la Asociación Cultural Argentino Japonesa, junto al almirante Manuel Domecq García, vinculado al Japón desde la Guerra Ruso-Japonesa, luego ministro de marina durante el gobierno del presidente Marcelo T. de Alvear.
Entre la producción de Yoshio Shinya merece señalarse sus artículos vinculados a la guerra Ruso Japonesa para La Prensa, La Nación, La Razón, el Diario, The Standard y otros de Uruguay y Chile. En 1934 publicó su primer libro Imperio del Sol Naciente, seguidos luego por Ideal del Japón y Pequeña contribución a la grandeza argentina.

También contribuyeron a conformar el perfil del Japón y los japoneses, su producción artesanal – que cabe destacar que trasciende en muchos casos y por su calidad, la frontera con el arte. Los argentinos que viajaban a Europa en las décadas de 1880 y 1890 tomaron contacto con los productos que llegaban de Japón, cuyo consumo como obras de arte se había puesto de moda. Tal es el caso del matrimonio Alberti, quienes debido a la pérdida de un hijo iniciaron un viaje alrededor del mundo y al llegar al Japón quedaron tan impresionados por su naturaleza y arte que permanecieron seis meses en el país visitando Yokohama, Nikko, Hakone, Kyoto y Nara. A su regreso trajeron consigo una cantidad enorme de objetos que adquirieron los cuales en gran parte fueron obsequiados a sus parientes y amigos. También, al igual que Kipling comerciantes argentinos comenzaron a llegar al Japón. Se conoce que ya quince años antes del viaje de la Fragata Sarmiento, en 1885, los señores Meyer y D’Amico, habían iniciado este comercio. Hubo japoneses que comenzaron a interesarse por el comercio de exportación a nuestro país y uno de los primeros fue Bunpei Takinami. Sobre su perfil se han escrito varios artículos, entre ellos el relato de otro comenciante destacado, Kenkichi Yokohama. Se cuenta que en su primer viaje a la Argentina, decidió parar en un hotel de la Avenida de Mayo y rentar el salón del hotel para exhibir sus productos y venderlos. El impacto de la victoria sobre Rusia aun estaba muy fresco en la mente de los argentinos que con entusiasmo y avidez se volcaron a adquirir todos sus productos, hasta incluso los llamativos envoltorios con que había transportado su mercancía. Al final del día, el frío comerciante se quedó solo contemplando la suma recaudada por la venta, conmovido por el éxito. Si bien Takinami regresó al Japón, su hijo Fumio y luego su nieto menor Antonio, permanecieron en el país.

FLORIDA – BOEDO
En la literatura argentina de primera mitad del siglo XX se desarrollaron dos grupos literarios, que si bien no estaban bien diferenciados, se los asociaba con dos grupos de clase e intereses diferentes: esos fueron el grupo de Florida – entre los que destacaban Borges, Bioy Casares y otros. Frente a ellos se ubicaba el grupo de Boedo, por el nombre de uno de los barrios obreros de la ciudad, dedicados a una literatura de crítica social entre los que sobresalió Roberto Arlt. Estas dos zonas de la ciudad de Buenos Aires fueron también simbólicas en la historia de los japoneses.
En la primera vamos a encontrar las casas comerciales, representaciones de empresas japonesas, mientras que en la segunda uno de los café populares de la época, ejemplo de otros muchos distribuidos también en la zona de Florida, regenteados, o en la que trabajaron también muchos jóvenes japoneses.
El origen de este último grupo, corresponde a una segunda ola de japoneses que llega a la Argentina, producto de su búsqueda de mejores condiciones de trabajo. Muchos de ellos inicialmente habían sido reclutados por compañías migratorias en contingentes para Perú o Brasil. Por diversas vías obtuvieron información sobre Argentina, a donde se dirigieron al poco tiempo de arribar al continente. Si bien en su gran mayoría se establecieron en las zonas urbanas, principalmente en la ciudad de Buenos Aires, se encuentran casos en los que intentaron establecerse en otras zonas del país, como el de aquellos empleados en el ingenio Esperanza de la compañía Ledesma en Jujuy. Mientras un grupo realizó tareas en el propio ingenio, otro también había sido empleado para la cosecha de caña en el campo. Debido a problemas generados con la administración, terminaron siendo despedidos y un grupo regresó a Buenos Aires.
Sobre este incidente, se ha recogido el testimonio de Misao Kudo, experto en kendo, había llegado desde Brasil junto con su esposa Masako, también especialistas en el manejo de la naginata, especie de lanza. Ellos despertaron admiración al realizar una demostración en el Jockey Club. Kudo fue contratado por la empresa Ledesma para administrar los asuntos de los trabajadores japoneses contratados, haciendo mención al comentario de un gerente: “Emplear a 100 japoneses es más difícil que a 1000 aborígenes. Los japoneses son trabajadores, honestos, e inteligentes, pero no por ello pueden ponerse diez sombreros a la vez.”
Ya en la ciudad de Buenos Aires, los primeros empleos que ocuparon estos inmigrantes en Buenos Aires fueron en las plantas industriales de la zona sur: frigoríficos, fábricas metalúrgicas, textiles y calzado o como estibadores en el puerto. Entre los trabajos dentro de la metalurgia se incluía la limpieza de las calderas de los buques de vapor, tarea muy dura e insalubre.
El incidente conocido como la Semana Trágica, que tuvo como epicentro los talleres metalúrgicos Vasena, que empleaban también un buen número de japoneses, en enero de 1919, nos permite ver también la actitud de los japoneses frente a los reclamos obreros. El períodico japonés El Semanario Bonaerense cubrió ampliamente estos eventos y a través de ellos se puede observar los pasos hasta la formación del Sindicato de Trabajadores Japoneses en Argentina en mayo de ese año, la amplia adhesión de jóvenes oriundos de Kagoshima y Hiroshima y por otro lado una escasa adhesión de los oriundos de Okinawa. Uno de los testimonios de la época es el del periodista Yoshinobu Amano, quien había trabajado como periodista en Hawaii, en un artículo publicado en el mismo medio, señalaba que también debía prestársele atención al tema racial. “Especialmente en Argentina – indicó- donde la población se enorgullece de ser un país de raza blanca, los japoneses que vivimos aquí no podemos estimar cuándo nos veremos afectados por la ola de rechazo, particularmente cuando casi todos los problemas xenófobos contra los japoneses que ocurren en diversas partes del mundo tienen origen en los trabajadores”.
Un gran número de trabajadores se concentraba en la zona de los barrios de Barracas, la Boca y Constitución, en el sur de la ciudad, contándose cientos en un radio de cuatro cientos metros, lo cual para los habitantes de la ciudad debe haber sido notorio, aunque en general era zona de residencia de muchos inmigrantes de los más variados orígenes.

Otra faceta de la imagen de los japoneses se talla a través de su desempeño en el servicio doméstico. La socióloga Isabel Cárdenas sostiene que hacia 1914, los japoneses comenzaron a aparecer en el servicio doméstico. “Según un entrevistado, eran afable, limpios y cultos”, citándose el caso de estudiantes de carreras universitarias que querían conocer el mundo y se ofrecían como planchadores y sobre todo cocineros, pedían un sueldo alto y se quedaban poco tiempo. Este relato nos muestra una de las estrategias adoptadas para la pronta integración a la comunidad local, en la búsqueda de trabajos mejor remunerados. Así, de jardineros, mucamos, cocineros y choferes, pasaron luego a conducir taxis, trabajar y administrar cafés y tintorerías o a dedicarse a la horticultura y floricultura.

CONFLICTO EN ASIA
Conforme se fue agravando la crisis en Japón, las fricciones con la población local también fueron agravándose. En la provincia de Santa Fe por ejemplo, donde los japoneses habían comenzado a tener gran influencia sobre la distribución de bebidas como propietarios de cafés y restaurantes, se suscitaron conflictos con los productores locales a raíz de la política que deseaban implementar inmigrantes, tendiente una reducción de precios de la cerveza. Ante el temor de que se extendieran campañas antijaponesas, la Asociación Japonesa de Santa Fe, trató de unir al gremio gastronómico de japoneses firmando un convenio de precios.
Los conflictos se extendieron a otros rubros, por ejemplo se inició una campaña de rechazo promovida por una compañía competidora de Nihon Suisan, empresa asociada de capitales japoneses y argentino, a la vez que ésta presentaba una petición dirigida al presidente de la nación en respuesta a las acusaciones de dumping. Desde 1937, los estadounidenses comenzaron a intensificar la vigilancia de alemanes, italianos y japoneses.
La guerra comenzó a vivirse en el interior de la sociedad argentina. Esto se reflejó en la prensa, que se dividió claramente entre los partidarios de los países Aliados y los del Eje. El diario El Pampero fue el más vendido entre estos últimos, mientras que Crítica publicó desde el inicio de hostilidades entre Japón y los Estados Unidos las listas negras, entre el 10 de diciembre de 1941 y marzo de 1942.(pp.312-317).
Kinuko Ishii escribió en su diario “Estalló la guerra entre el Japón y los Estados Unidos. Sonó la sirena del diario La Prensa que causó alarma entre el público. El matutino apareció con grandes titulares sobre el “Ataque a Pearl Harbor por parte de las fuerzas aéreas japonesas”.
En su relato continúa, “La fisonomía de Buenos Aires, donde conviven diversas razas del mundo, era compleja. Los latinos, predominantemente españoles, y particularmente italianos, que eran los más apasionados, irrumpieron en las tintorerías y en los cafés de los japoneses para festejar la hazaña”.
En sus notas del 17 de diciembre agrega un comentario que refleja la situación de muchos japoneses: “Por la tarde recibí la llamada de la señora Lugones que me preguntó como estaba. Me alegró comprobar que todavía existían personas que me llamaban expresamente para demostrar su simpatía ante tales circunstancias, a diferencia de otras que más bien se muestran indiferentes con los japoneses, y en cambio, demuestran estima a los ingleses y americanos”.
En un comentario del 24 de mayo de 1943 señala “Sanae (su hija menor) me contó que, en representación de los alumnos, en la escuela tuvo que leer su composición en la ceremonia y luego el agradecimiento al maestro que se retiraba. Me pareció una escuela un poco extraña por pedirle a Sanae, que es japonesa pura, la lectura de las palabras conmemorando la Revolución de Mayo (fecha patria). Debo agradecer a la escuela, donde ella recibe buen tratamiento sin considerar la guerra ni los problemas raciales”.
Para concluir el retrato del clima que se vivió en Argentina durante los años de la Guerra del Pacífico, se puede incluir el episodio que tuvo por protagonista al diario Acción Argentina, de origen judío y opositor a los países del Eje atacó al Instituto Cultural Argentino-Japonés, presidido por el Almirante Domecq García, cuyo secretario era Yoshio Shinya. La acusaban de ser una organización de espionaje japonés. Asimismo, durante la misma época se difundió que se realizaban frecuentes reuniones de japoneses en las cuales se manejaban grandes sumas de dinero (probablemente los círculos cerrados de ahorro o “tanomoshi”).
Ya entonces estaba prohibido el envío de remesas de dinero y en las diversas actividades que desarrollaban los japoneses no se podían hacer cambios de titularidad y requerían de la autorización policial para realizar reuniones. También relatan casos de “mala atención” hacia los japoneses en los controles de los trenes de los ferrocarriles entonces en manos de empresas británicas. (p.318)
La declaración de guerra el 27 de marzo de 1945 tuvo para alemanes y japoneses un tratamiento diferenciado en la prensa. Mientras en el caso de Alemania se habían producido incidentes de hundimiento de barcos de carga argentinos, generando malestar en la opinión pública, lo cual hizo que la medida se viera en forma positiva, en el caso de Japón no se habían producido incidentes de modo que se lo presentó conjuntamente con la adhesión argentina al Acuerdo de Chapultepec, resultado de la última reunión de naciones del continente americano. (Imai, p.47)

DERROTA Y POSGUERRA
La prensa argentina se hizo eco inmediatamente del lanzamiento de las dos bombas nucleares. El 7 de agosto, con una foto del hongo de humo tras la explosión, el diario La Prensa de Buenos Aires, reproducía un reportaje con dos científicos alemanes que habían participado del desarrollo de esta arma. En el número del 9 de agosto, La Nación publicaba los alcances destructivos de esta nueva arma, estimándose en Hiroshima en 154 mil personas el número de muertos, señalándose además que el ataque a Pearl Harbor había cobrado dos mil trescientas cuarenta. Notas editoriales acompañaron esta noticia y también se publicaron las voces críticas que se alzaron en todo el mundo, comenzando por el Vaticano. En cada artículo se destaco el terror desatado por esta arma de destrucción masiva.
El tema que pronto alcanzará las primeras planas y en la comunidad japonesa será el envío de auxilio para los sobrevivientes de la guerra, en alimentos y artículos de primera necesidad. Las actividades se organizaron dentro de la comunidad, a través de comisiones de ayuda que actuaron coordinadamente y luego por intermedio de la Cruz Roja Argentina, se enlazaron al programa LARA en los Estados Unidos, organizados por miembros de la comunidad nikkei y finalmente llegaron a Japón y en particular también a Okinawa.
Keiko Imai destaca que las razones por las cuales no se desató en la comunidad japonesa en Argentina, una ola de terror como sucedió en Brasil, fue debido a tres razones, la primera, la neutralidad que sostuvo Argentina durante la mayor parte del conflicto; en segundo término el hecho de que la mayoría de los miembros de la comunidad residieran en centros urbanos importantes, con acceso a la información y en tercer lugar, la calidad de los medios periodísticos argentinos que recogieron la información de diferentes fuentes informativas y la transmitieron objetivamente.
También la prensa argentina cubrió el envío de ayuda en alimentos y ropas a la población del Japón, como se observa en el artículo de La Nación del 31 de mayo de 1949. Mientras esto sucedía en la sociedad argentina se procedía a restablecer las relaciones con la comunidad japonesa en el país. En 1947 finaliza la intervención en la administración de instituciones de la comunidad, se procede a devolver los bienes confiscados a japoneses durante la guerra, se levanta la prohibición sobre publicaciones en idioma japonés. También en primer término se reabre la migración de familiares de japoneses radicados en Argentina por llamado y para 1954 la migración por reclutamiento abierto, así como el sistema de prácticantes desarrollado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Japón entre 1933 y 1941 y que había determinado el arribo de 116 jóvenes.
Finalmente, la firma del Tratado de Paz de San Francisco, fue el siguiente hito de importancia con relación a la imagen de los japoneses en Argentina. Keiko Imai rescata el discurso que Arturo Frondizi pronunció en su banca de diputado nacional el 27 de diciembre de 1951, en donde como opositor, solicita la no ratificación del Tratado al que considera una maniobra de los Estados Unidos para conseguir respaldo y poder legitimar su posición en el Este Asiático. Agregará, “por respeto a la comunidad japonesa en Argentina y al pueblo japonés, es deseable celebrar un tratado de paz entre los dos países y no actuar simplemente al servicio de los intereses de los Estados Unidos. El peronismo, partido oficialista entonces sostuvo la aprobación que finalmente se obtuvo por mayoría. La victoria aliada, la prensa, el cine promovieron una imagen negativa pero lo cierto es que ya la comunidad japonesa se había ganado su lugar en la sociedad argentina. La experiencia narrada por Tokuji Furuta, corresponsal del diario Yomiuri, en la ciudad de La Falda, provincia de Córdoba en el interior de la Argentina, se repitió en otras partes del país. En el momento de la declaración de guerra al Japón, un comerciante de su barrio le expresó que la guerra era algo que hacían los gobiernos y la relación entre ellos seguiría como siempre.

RAPIDO CRECIMIENTO ECONÓMICO A LA IMAGEN DEL JAPON HOY.
De radios a automóviles, electrodomésticos, artículos electrónicos, poco a poco esa imagen se fue instalando en el imaginario argentino. Un ámbito en el que apenas existía competencia y por lo cual no afectaba a la imagen positiva que a lo largo de la historia de las relaciones se había ido consolidando. La famosa tira cómica “Mafalda”, creación de Joaquín Lavado, resume en pocas líneas esa imagen en la década de 1970.

A través del recorrido histórico realizado hemos visto como se ha ido consolidando la imagen de los japoneses. Como se señala en la presentación de esta mesa, la comunidad japonesa se corresponde al tipo de inmigración vista desde la perspectiva europea, como “no alentada”. Sin embargo, la particularidad del camino de desarrollo que recorrió esta nación, determinó que alcanzara una posición destacada y de respeto. En esta última parte, intentaremos cerrar el recorrido y preguntarnos, hasta que punto, experiencias análogas en la sociedad argentina, determinaron el fortalecimiento de esa imagen positiva.
Para adentrarnos un poco más en la imagen que la sociedad argentina, como sociedad receptora, produjo de los japoneses, recurrimos aquí a una fuente generada recientemente. En julio de 2009, Amalia Sato, especialista en literatura japonesa en Argentina, envió una convocatoria a un grupo de personas, para participar en la elaboración del número 14 de la revista que ella dirige: Tokonoma. La consigna era escribir un texto breve a partir de un nombre propio o común (sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio, etc.) japonés”. El resultado de esta propuesta se terminó de editar en marzo de 2010 y resulta un material de significativo valor para ver a través de ellos, entre otras cosas, qué y cómo perciben hoy y aquí, desde Argentina, los japoneses, sus descendientes y argentinos de diverso origen, al Japón y a los japoneses.
De los 55 ensayos incluidos, el escrito por Mami Goda, especialista en arte moderno, nacida en Japón y que reside en Buenos Aires, eligió como palabra clave “Superflat”, en referencia al manifiesto lanzado por Takashi Murakami, sobre la bidimensionalidad del arte gráfico y la cultura pop japoneses. Con ese término nos presenta uno de los ejes principales para poder entender a los japoneses, nos explica a través de una línea histórica que se remonta a los motivos utilizados en la decoración de telas de kimonos, la característica ausencia de jerarquía en el arte japonés – la no existencia de un arte mayor y uno menor – que luego asocia con el mundo de la cultura popular del manga y animé, un mundo bidimensional, en el que “nunca necesitan asegurarse una posición social, ni les importa hacer recordad su existencia a nadie.” En una impecable síntesis nos revela un aspecto de la sociedad actual y la visión de los jóvenes y su futuro, que si bien se intuye, no se puede ver con claridad. Con el término “superflat” nos introduce en el mundo del manga y animé japonés, su significado y constituye también un llamado de atención sobre el mensaje que se transmite a través de un género artístico que cada día gana más adeptos entre nuestros jóvenes.
Los ensayos correspondientes a “nikkei” japoneses – valga la distinción, se adentran más en el rescate de aspectos tradicionales y su inserción en la sociedad argentina, a la que sus autores pertenecen (o al menos han nacido y crecido) . El antropólogo Marcelo Higa, actualmente radicado en Japón, eligió el nombre “Baku” enlazándolo con la obra de Juan Gelman, Yamanokuchi Ando. Gelman había generado este personaje a partir de la traducción de obras del poeta Yamanokuchi Baku. Higa explica que se trata del seudónimo de Yamanokuchi Jusaburo (1903-1963), el poeta más prestigioso de Okinawa, aunque figura marginal en la literatura japonesa. En sus obras está representada la relación de Okinawa con Japón y nos aporta en estas dos páginas a través de la traducción del poema Conversación, de 1935 una pintura clara de ella, que se podría sintetizar en la frase que Higa utiliza al explicar la conclusión de la poesía: Okinawa es un universo demasiado complejo para la simplificada mirada dominante.
Si el ensayo anterior podemos encuadrarlo como representativo de descendientes de segunda generación, que han reforzado su vínculo al Japón, en el caso de Paula Hoyos Hattori, a través del nombre Noboru (amanecer y también el nombre del abuelo de la autora), veremos la revelación de la dificultad de tender puentes entre culturas. Es muy simple concluir que toda identidad es una construcción, pero en los hechos, un proceso que es representado como algo “natural” al ser humano, puede ser muy complejo, e implica también una “traducción” y una adaptación a otra estructura cultural diferente. Si es posible del breve texto, extraer una frase que resuma ese proceso y en lo simple su magnitud y profundidad, es el siguiente:

“El camino de mi abuelo fue inventar una ruta inaugural, fue cambiar de cama, de casa, de calle, de barrio, de ciudad, de país, de continente, de idioma y hasta de nombre. Porque acá Noboru devino “Juan Carlos”, bautizado, catolizado. Y aunque nunca usó ese nombre, tampoco practicó más el japonés en su vida cotidiana.”

En “Kinkakuji de Brasil”, de Amalia Sato, podemos ver el resultado del proceso de traducción: una réplica del pabellón construido por Ashikaga Yoshimitsu como su villa de retiro, en medio de la selva tropical, “al borde de una laguna barrosa que no lo refleja…”. Ella, a partir del raconto de los orígenes de los elementos que componen el Kinkakuji y otros de su entorno termina por revelarnos que la propia cultura japonesa es un proceso de relectura de elementos tomados a su vez de otros pueblos y en definitiva, tal vez podamos concluir que constituímos un eslabón más de esa cadena de reelaboraciones.
Hasta aquí presentamos algunas de las expresiones elegidas por nikkeis y podemos agregar, de singular valor para su reconstrucción identitaria.
En el caso de los “nikkei” por afición, en algunos casos con la seriedad que representa una elección de vida profesional, al elegir los términos se inclinan por mostrar aspectos menos entendidos de la cultura japonesa. Algunos ejemplo son “Akujo. La ‘mujer mala’”, ensayo de Guillermo Quartucci, especialista en Literatura Japonesa, acerca de la contrafigura que ha dado motivo de piezas de teatro, novela o películas a lo largo de la historia y muestra la contracara de la imagen de la mujer impuesta por la moral confuciana. En este grupo debemos mencionar más la presencia de extranjeros que argentinos, lo cual también es un indicador de la escasa importancia real que se le han dado a los estudios. También a través de los términos elegidos podemos ver qué aspectos de la cultura japonesa se vuelven atractivos a los argentinos que han estudiado más profundamente a la sociedad y cultura japonesas, como por ejemplo en “Zisatsu. La temporada de los suicidios blancos.” – del escritor Juan Forn, mostrando aspectos poco conocidos de acciones sobre los que se han tejido muchos mitos.
En cambio, son los argentinos de otros orígenes, quienes aportan una mayor variedad de imágenes y nos brindan más elementos para reconstruir la imagen de los japoneses hoy. Sin duda una cuota de exotismo sigue presente, muy buena si se la considera fuente de creación artística. De este modo se cumple lo que Sato bien destaca en su introducción:

“ Se repiten todavía la sorpresa y el fervor de Félix Braquemond – descubridor ‘oficial’, de las estampas japonesas, a mediados del siglo XIX-, pues así como el grabador francés, al desenvolver la porcelana japonesa fabricada ad hoc para exportación, se fascinaba con los depreciados grabados ukiyo-e que se usaban para embalarla, así todavía una lectura, un sabor, una película, una costumbre o algo que el siempre privilegiado viajero atisbó de primera mano, todo suscita un comentario sobre un Japón propio que se convierte en disparador a la posibilidad de otro punto de vista”.

Podemos encontrar una imagen idealizada: “Aware! ¡Ah!”, ensayo de Alberto Silva, describiendo el estereotipo de la estética japonesa, a través de este término que resume como asombro, pero que tal vez se aproxima más a la sensibilidad que despiertan las cosas y fenómenos, -mono no aware – en su forma más corriente, una sensibilidad que conmueve más que producir sorpresa o gracia, como lo reflejaría su término opuesto “okashii”.
También surge entre los escritos una cuota de extrañamiento y exotismo, por ejemplo ante relatos como la historia de un kimono paraguayo, relato de la periodista especializada en modas Victoria Lescano ; o al imaginarse a la escritora Akiko Yosano (1878-1942) de cabellos largos (cuando el símbolo de la protesta era el cabello corto) y que bebe cerveza ; o al perfume de Gerlain Mitsouko, disparador del ensayo de la escritora Sofía González Bonorino.
Pero también está la recreación a través del contacto directo con personas y objetos, en “Nihon, Okinawa – Nihon, Okinawa, El rumor del oleaje, Sakura” y entre otras cosas, la referencia a los cerezos en el Parque Miguel Lillo de la ciudad de Necochea, en la costa atlántica al sur de la provincia de Buenos Aires ; o el caso de “Gushiken”, el apellido de una familia de inmigrantes vecinos del autor , o “Kitayama”, el nombre de un restaurante japonés en el distinguido barrio de Belgrano en la ciudad de Buenos Aires .
Como complemento de este grupo están los términos que solo pueden adquirirse al viajar al Japón y que a nosotros, como argentinos – y tal vez a otros latinoamericanos ta mbién, nos llaman la atención, como a la diseñadora Delius, ‘Wasuremono’- objetos perdidos y a Masao, ‘Yume’ o sueño, en donde se describe el deambular por calles con un paisaje que solo las ciudades japonesas tradicionales conservan; o a Christine Greiner, la palabra ‘Sentô’ o baño público japonés, que solo se conserva en ciudades antiguas.
Por último a la lista que presentamos de formas de ver a los japoneses, debemos agregar una muy especial y cuyo origen y motor para su expansión, sigue representando una gran incógnita – una especie de caja de sorpresas, pero a la que nos acercamos con cierto temor por desconocimiento. Es el mundo del manga y animé japoneses: otaku – con un significado totalmente diferente al original japonés y en el texto de Liliana Heer, un disparador de sensaciones; o a través de la palabra “Sagi”, la artista visual uruguaya Teresa Puppo, nos presenta la imagen de los llamados “talentos” y al posible significado de la moda del “cosplay”, al escribir sobre los ídolos mediáticos y las identidades que asumimos, en la búsqueda de responder a las expectativas sociales.

Hoy son las comunicaciones las que han ido acercando cada vez más ambas culturas y la presencia japonesa, sin intención de ninguna de las dos partes, se ha vuelto “natural”. No existe a nivel general popular, una opinión clara al respecto, pero podemos sostener que sin duda, el Japón y los japoneses siguen conservando una imagen positiva en Argentina, porque a través de expresiones de su cultura, consiguieron dar respuesta y contención a una generación que sufre problemas análogos por los que han atravesado. Para Argentina, la sociedad japonesa sigue siendo vista como un ideal deseable, muy lejano y difícil de alcanzar, y para los japoneses, la sociedad argentina, un paraíso de distensión, también muy lejano, pero al que a través del tango y del fútbol pueden acceder.


A MODO DE CONCLUSIÓN
Frente a la propuesta inicial de rescatar la experiencia histórica de las migraciones afroasiáticas extra continentales, en este caso la japonesa, se ha tenido en cuenta tanto sus causas y modalidades como los mecanismos de inserción puestos en práctica. En este sentido se buscó prestar especial atención a los procesos dinámicos de reformulación de su identidad y de construcción y reconstrucción cultural y contracultural, considerando su historia y cultura de origen frente a la influencia activa del contexto de recepción y sin ignorar las complejidades transculturales del escenario poscolonial, que en el caso argentino, como sociedad receptora, la coloca en una posición particular frente a este grupo migratorio.
En el inicio de este trabajo nos propusimos aportar elementos para responder a preguntas sobre cómo se fue conformando la imagen de los japoneses en la sociedad argentina. En esta oportunidad, se puso el acento en el carácter positivo de ésta y a qué se debió que fuera así, frente a otras experiencias trágicas, como el caso del Brasil, o del Perú o incluso los Estados Unidos, que en los comienzos también fueron tomados como referencia.
Podemos concluir el indudable peso que tuvo la particular relación que se forjó a lo largo de la primera mitad del siglo XX con Estados Unidos de competencia, frente a una de dependencia y complementariedad con Gran Bretaña. La coyuntura favorable que unió en tiempo y espacio a la cultura japonesa con la clase dirigente argentina.
La posguerra marcó un cambio en el carácter de la relación y un acercamiento más amplio que hoy en día se afianza con el creciente número de adeptos a formas de expresión de la cultura popular, que más tiene que ver con el verdadero sentir del común del pueblo japonés, que con el Japón como potencia económica mundial.
En el imaginario argentino, los japoneses siguen siendo una minoría, sería, trabajadora, de bajo perfil, que practica artes marciales, cuyos descendientes se dedican menos a actividades de servicio y más a profesiones independientes, que no obstante se han consolidado en el sector productivo de las flores, frutas y hortalizas.
La comunidad japonesa también ha ido cambiando su visión de sí misma, frente a pronósticos que auguraba un lenta desaparición, integrándose plenamente a la sociedad receptora, los avatares de la economía determinaron que se produjera un nuevo contacto y una actualización de la idealizada imagen del Japón, transmitida por las primeras generaciones.
De una invisibilidad autoimpuesta, por temor a la discriminación, a la visibilidad, primero de la mano del rápido desarrollo económico después de la segunda guerra mundial, y en años más recientes con la fuerza avasalladora de otros grupos asiáticos como coreanos y chinos.
En un balance del rápido recorrido a través de algunas descripciones, podemos evaluar que quienes han comenzado a adquirir una visión más profunda del Japón a través de una tarea metódica, son pocos; que todavía son muchos más los encantados por el misterio que los propios japoneses crean, una especie de cortina de humo que los sigue protegiendo; que mucho ha contribuido a despejar esa cortina la presencia de la comunidad y la acción de integración que protagonizan sus descendientes. Que a pesar de que el exotismo ha querido mantener una imagen estática, las corrientes de cultura popular avanzan imparables transformándola. El resultado de este proceso quizás no sea el más agradable, lo cierto es que una nueva cultura, integración de ambas es la que surge. Las comunicaciones cada vez más fluidas permiten el acceso a más información y a su vez más reinterpretaciones. El reconocer el valor de estas relecturas, que también son parte de la construcción de la identidad, es un proceso también en desarrollo.
Más de un siglo de historia a transcurrido y esa rica experiencia ahora está sirviendo a los recién llegados en el camino de integración a la sociedad argentina.





Bibliografía consultada.
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HIGA, Marcelo. “Inmigrantes de otros puertos. Japoneses en Buenos Aires, hacia 1910.” (en: Gutman, Margarita y T.Reese eds. Buenos Aires 1910. El imaginario para una gran capital. Buenos Aires, Eudeba, 1999, pp.295-316).
IMAI, Keiko. 『アルゼンチンの主要紙にみる日本認識』(La visión del Japón a través de los principales periódicos argentinos). Sophia University, Instituto de Estudios Iberoamericanos, Serie Monografías Nro15, Tokio, 2006.
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