6.23.2011

Homenaje a Mary Tapia, gran creadora de la moda argentina, fallecida el 10 de junio de 2011.

A Mary Tapia, in memoriam
Por Amalia Sato

Desde el triste viernes 10 y en desorden se suceden imágenes, con el mismo timing dramático que Mary sabía dar a sus relatos, las manos gesticulando, la carcajada como comienzo y cierre, la urgencia y picardía de la confesión y el testimonio sin retaceos: el legendario vestido de barracán que Romero Brest elogia en el di Tella asegurando “esto es una obra de arte” y el recuerdo de su muestra en Casa del Bicentenario; la exposición en el Malba con los vestidos formando una doble hilera de gala; la caja con fotos de sus desfiles pioneros; los gritos de alegría y el “ya vas a ver” al recibir unos pequeños prendedores-flor de ciruelo de tela rellena adorno de kimono y Mary volviendo de su cuarto taller con una caja repleta de las mismas flores en versión tela vernácula, que estaba experimentando: coincidencia en el sabio conocimiento del material; sus pequeñas obras maestras: los broches con telas triangulares superpuestas, en gamas imperiales, o las calas-pin con tallo de terciopelo y copa de tul, o los prendedores-carita o sea damas de rostro redondo pintado, tocadas con velos y sombreritos, o arropadas con cuellos y bufandas que hacían imaginar un ensemble invisible maravilloso, y la alegría de quienes portaban esta bijouterie de tela; la colección de ponchos-pashmina-capa desplegada sobre los sofás de su sala y el asombro de las deseantes de esas piezas únicas, hechas con prendas antiguas, realzado su trajinar vital con bordados, apliques, bordes, que los transforman en el toque refinado de una corte imaginaria; las cenas acompañadas de buen vino y los platos donde se conjugan los sabores en abanico, que resguardan a la anfitriona de un servicio complicado y de interrumpir la charla siempre interesante; el orgullo de la artífice al abrir su armario espejado-probador y permitir que sus visitas modelen y prueben tapados, sacones, trajecitos, vestidos, que inevitablemente las conduce a una señorial gestualidad dandy al levantar cuellos, arremangar puños, demorar una abrochadura de botones, para observar y disfrutar de forros en contrastes de color o textura inesperados, o de martingalas, tablas y pliegues estructurando una elegancia única de factura impecable.
El jueves a la noche, en la conversación por teléfono eran la alegría por cuidar a su adorada nieta Lucía la noche del viernes, el deseo de ir concretando un viaje al Norte en busca de más ponchos nobles pues en su transformación alquímica era la prenda más codiciada, las ganas de una exposición el Museo Evita, y también las ganas de retomar la idea de un libro sobre su obra y persona.
Del cuaderno de tapas duras caligrafiado con su nombre, donde desde 2007 quedaron intercalados papeles, un borrador de una carta redactado por Mary y que hasta ahora no se presentó: “… ha llegado el momento, después de 40 años, de convertir mi trabajo en testimonio. Son innumerables los caminos para cumplir este objetivo, el que elijo para expresarme es un libro, Un libro muy especial, con detalles exquisitos de cada prenda minuciosamente fotografiados, un libro sofisticado, refinado, diferente de cualquier otro libro de arte. Los textos, de mi autoría, hilvanarán una historia: la mía con los tejidos indígenas, especialmente con el barracán –tela de telar, hilada y tejida a mano en Jujuy, a la que he honrado en mi trabajo, Hay que detenerse en la dimensión cultural que representa, en su permanencia desafiante. Identidad, moda, arte, raíces criollas, estos lemas pueden ser un incentivo para que los jóvenes aprecien los elementos propios de nuestra cultura, de nuestras raíces, y encuentren inspiración. Además, quiero aportar datos de mi recorrido y experiencias en otras áreas, como el cine, el teatro, en fin, en la vida cultural desde la década de los 60 hasta hoy, de modo que mi espíritu pionero y visionario esté presente en cada página. Que las nuevas generaciones aprecien en estas señales, en estos rastros y en las marcas de mi trabajo como creadora de ropa, la riqueza de esto tan valioso que constituye la identidad amplia, rica, de la cultura argentina, y se animen así a mirar para adentro. Acompaño esta carta con la formalidad de un curriculum y quedo a disposición para un encuentro personal, a fin de ampliar esta presentación. Eternamente agradeceré su apoyo a este proyecto, que con orgullo veremos concretado en un futuro cercano. Muchas gracias”.
Mary Tapia, talentosísima creadora tucumana, murió el 10 de junio de 2011.
Barracán, aguayo, bayeta, chiya, aho poi, chagua, buche de avestruz, picote, los tonos del nogal, algarrobo y azafrán, y el fucsia, color llamado “Maravilla” en el Norte.



Texto publicado en el número 14 de la revista tokonoma, 2010.

HIROSHIMANAGASAKI
POR Mary Tapia


La primera vez que escuché unas palabra en japonés fue un día de mi infancia, en Tucumán. Había ido al mercado con mi madre. Recuerdo que avanzábamos sobre la calle principal donde se encontraban los carros con las verduras. Vimos personas amontonadas en círculos, diarios desplegados, desazón. Parecía que se avecinaba una plaga de langostas. Mi madre se movía de un lado para el otro y yo, agarrada a su pollera con las dos manos, terminé siendo arrastrada por el piso, las piernas enredadas en la madeja del miedo. Fue entonces, entre remolinos de viento y tierra, cuando alcancé a ver las letras enormes que cubrían la primera página del diario. BOMBA, y una fotografía con un hongo de nubes blancas que tapaba el cielo. La palabra era larga pero casi puedo precisar el instante mismo en que la aprendí. Y para siempre: HIROSHIMANAGASAKI. Siento también el olor a cebollas de verdeo que había en el canasto. Y el pánico que se metió en mi cuerpo, oscuro, visceral.
- ¿Va a llegar hasta aquí la bomba?, preguntaba a cualquiera que tenía a mano. Justo cuando mi corazón estaba a punto de estallar, escuché decir:
- Es muy lejos, en otro país, la tiraron los yonis.
Creo que lo dijo un chico más grande que yo que estaba saltando con otros, coreando: HI-RO-SHI-MA-NA-GA-SA-KI-HI-RO-SHI-MA-NA-GA-SA-KI. ¡La tiraron los yonies!
-En otro continente- agregó el hombre que tenía el diario en la mano. Se inclinó hacia mí y me miró. Él también tenía miedo.


Años más tarde, cuando fui a vivir a Buenos Aires, ya convertida en una estudiante de cine, asistí al estreno de “Hiroshima mon amour”. La nouvelle vague y Cahiers du cinéma influían con toda su fuerza en nuestro apetito de conocimiento. Aquel recuerdo del 6 de agosto de 1945 apareció intacto cuando entrábamos en la sala. ¿Será por eso que me inquietó tanto la película? La vi muchas veces, hasta hoy sigue siendo mi favorita. Aprendí el guión de memoria. Compré el libro de Marguerite Duras, estudié francés, y aquellas imágenes en blanco y negro impactaron en lo más profundo de mí. El amor y el olvido, ése era el tema: hay una escena donde vemos al joven actor japonés que yace desnudo boca abajo sobre la cama con los brazos a los costados del cuerpo. Ella lo mira dormir. La cámara registra un primer plano del estremecimiento de su mano izquierda, está soñando. Luego se despierta y la mira. Se miran. Ella parece anhelante, él comienza a vestirse y le dice
- No ves que ya te estoy olvidando.
Lloro. Siempre lloro en esa parte, no lo puedo evitar.


Mary Tapia: Diseñadora de modas. Tijera de Oro y Plata 2002 a la mejor diseñadora. Premio Konex 2005.

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