4.01.2012

Alejandro Ros.Rumbo de diseno. Solapa de su libro.

Rumbo de diseño
Por Amalia Sato


Una tapa de los suplementos “Radar” o “Las 12” concentra la mirada de quien debe acusar el impacto por 4 segundos a lo sumo, una tapa de CD tal vez se fijará como “la” imagen en la retina de un melómano. Entre la conciencia de lo efímero y la posibilidad de trascendencia oscila el metrónomo del ego político y lúdico de Ros. Trabajar entre una calculada fugacidad y una incalculable persistencia donde tal vez con el tiempo queden inscriptos algunos de sus trabajos.

Operar dentro de una maraña de binarismos, o así lo plantean: acierto de comunicar funcionalmente, logrando esa recuperación inmediata del mensaje, pero agregando ese plus estético que la cuestiona; conocimiento de mecanismos, donde sendos relatos, aquel del que encarga y el que promete han de encontrarse pero con el logro de una marcación personal que consiga que la forma no se disuelva. Dilemas de su vida profesional.

Si se le pregunta por sus cien nombres esenciales (como pedían los monjes budistas: una sola cosa de cien posibles), así inicia el listado: Marcel Duchamp porque pateó el tablero, David Lynch por su oscuridad, el Barthes de Fragmentos de un discurso amoroso, un libro sobre Wabi-Sabi, el Tao, Adrian Frutiger, Josef Müller-Brockmann, Richard Paul Lohse, Ruben Fontana, Damian Hirst, Sebastião Rodrigues, Dick Bruna, Paul Rand, Takashi Kono. Concisión, limpidez. Su arco tenso.

Trazar un contorno para escuchar música en duermevela es compartir una cuidadosa puesta en escena con sus amigos DJ y músicos de “Agencia de Viajes”.

Y destaco su invención de la expresión “rumbo de diseño” que ya desliza un propósito de deriva y con la que define su intervención para la revista Ramona. Con impronta de timonel señalar una dirección de arte y despojarse de ella.

Ahora nos facilita una lectura: exposiciones, este libro. Secuencia de más de una década. Cuerpo público en el que, en misteriosa articulación, también se oculta un corazón privado.

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