3.15.2014

Shizu Saldamando, A propósito de Gato y Carm, pintura sobre fondo dorado.

Shizu Saldamando National Portrait Gallery del Smithsonian Asian American Literary Review - por Amalia Sato Un biombo dorado con cuatro hojas. Un biombo lujoso con su borde entelado y una pareja de jóvenes que se besan. Pero la parejita ¿está pintada en la segunda hoja de la derecha como una ilustración moderna sobre la superficie de un mobiliario suntuoso o el biombo es un fondo y son protagonistas de la escena? ¿Truco visual o verdad del corazón? Cuando una visión es una lectura. Son protagonistas. El biombo es sólo dorado y funciona a la manera de un añoso espejo de bronce. Los amantes tienen cabello negro, lacio; pueden ser latinos, pueden ser orientales, o latino-orientales. ¿Ella y un muchacho con los ojos maquillados?, o... Ella lleva un saquito color verde militar, él una campera negra. Las manos de él toman a la muchacha de la nuca, reposan en su cadera. Jóvenes estilizados, mestizos, new half. Orgullosos del j pop, de la soltura de las cultura tecnológica; bellos, altos y delgados. Como los que circulan por Tokio con marcha desmañada y atractiva, desplazándose por la ciudad de los neones, a través de los puentes peatonales elevados con una silenciosa energía negligée, sorprendiendo con esa capacidad que esgrimen sin aviso por retomar la suavidad de las viejas maneras. Se besan escandalosamente en Tokio Midtown entre torres de cristal, cerca del museo del siglo XXI de Issey Miyake. Pero también se besan en el Bairro Liberdade de Sao Paulo, después de salir de una sesión de karaoke, o en el hall de la sala Lugones del Teatro San Martín en Buenos Aires, durante un ciclo de cine como el de Ko Nakahira que se proyecta en estos días. ¿O se besan, ocultos tras el biombo alquilado que la empresa de organización de eventos coloca en la recepción del salón, porque van a trabajar él como dj y ella como maid kissa en una fiesta temática en California? Biombo. El término le llega al español desde el portugués que a su turno lo adoptó del japonés. Esas naves que surcaban los mares en el siglo XVI globalizando todo lo que conectaban. Byoo bu; byoo igual a protección, bu igual viento. Hay quien asegura que el gusto por el dorado en Japón estuvo muy influido por los rituales religiosos cristianos. Ya durante la época Heian, las damas de la Corte se ocultaban detrás de biombos bajos y se hacían identificar por el gusto que denotaban las capas de sus vestidos superpuestos en la boca de sus mangas. Las cajas de cartón en los refugios con que separaban, para otorgar una mínima privacidad, los espacios de las víctimas del terremoto de marzo de 2011 tenían la misma altura de estos biombos palaciegos que servían al coqueteo cortesano. Dicen que aparecieron mariposas Lycaenidae mutantes, con alas horrorosas, como polillas gigantes, en el área de la central nuclear de Fukushima. Lo publicó ayer, 14 de agosto de 2012, un diario en Buenos Aires. Cuatro hojas de esplendente brillo y una pareja de adolescentes que se besa. Mientras, una mariposa aletea detrás del biombo.

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